Despedida eterna

Ni una sola bendición para ella

Crecía en sus venas el arma de la guerra

Las manos tomaban la vida de quienes amaba

Y su copa de triunfo era sepultada en la niebla

“Perdóname por amarte”

Su sombra ocultaba las miradas de tortura

De olvido, de culpa, de tristeza

De quienes nunca pensó que la fe perdieran

¿Es su destino llorar entre sus cuerpos?

Y en sus sueños ve los rostros que anhela

“Nunca nos seguirás…”

Y cae sin esperanzas en la húmeda tierra

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