La disfrazada ilusión eterna, pulula en el espesor de la noche cautiva por un amor eminente calla impetuosa en el silencio renunciando a la libre voluntad del corazón que en claustro de la razón enferma yace. Aguardando siempre agonía como el desconocido suplicio de quien llama a su testigo para finiquitar alegrías desde su pérdida de lucidez, desde el clamor del aura para encarar a la ahora noble muerte que en amiga suya se convierte.