Deseaba volver (Réplica II al Poema del Delirio, de Pedro_B.
Hace tiempo te esperaba. Mi silencio era obligado pues fui yo la que primero me sentí rechazada.
A mí la luna, en estos días, me ha parecido una máscara.
Yo ni siquiera vi ningún quiróptero y mucho menos con alas de lapislázuli, todo era oscuridad y tinieblas, para mí la luna no brillaba.
Sí que estuve tras la nube, pero el olor que yo sentí era acre y muy amargo.
No me llegó el aroma de las magnolias ni el suave aleteo de los alcaravanes.
Es cierto, no estaba, no estaba.
Las hojas de los calendarios no comprenden..., cuando pasa el tiempo se arrancan.
Yo también sentía mis cristales empañados, incapaz de ver ningún futuro a través de ellos.
No eran mis pasos..., yo permanecía inmóvil y quieta. Tu percepción te jugó una mala pasada.
Sin embargo ese clamor no llegó a mis oídos, taponados por el estruendo de la tormenta.
Imaginaste que aquellos lirios eran mis manos, sus tallos, mis dedos, y en tu delirio los besaste a ellos.
Es cierto, mis sentimientos congelados anidaban en mi pecho, pero en tu delirio sólo creíste asomarte al valle de mis senos.
De nuevo tu delirio te jugó una mala pasada, mi amor era real, no era ninguna ráfaga; pero, enfermo, guardaba cama.
Mis cortinas estaban corridas, no pudiste ver nada.
Esas libélulas de fuego de las que hablas fue a mí a quien hirieron, por eso mi amor guardaba cama.
Ahora que lo dices, presentí la herida del poeta; él creía beber en esa vieja taza.
Mucho tiempo he esperado a que me ofrecieras tu mano. Ya casi sin fuerzas, cautiva entre esos espectros, había perdido mi esperanza de que me rescataras.
¿Para qué resumir códigos, para qué fijar tus ojos en la fría mirada de una estatua?. Si miras mis ojos, te darás cuenta de que en ellos brillan lágrimas.
No tan diminutos..., son eternos, los espacios de eternidad.
No cabe duda que delirabas, pero yo deseaba subir esa escalera y encontrarte a ti en lo alto de la cordillera, abrigado entre las nubes, esperándome.
Tal vez, en lugar de tanto ensayo de palabras, debiste dejar que surgieran espontáneas.
Pero yo deseaba volver y poner en orden nuestra morada.