Quiero escribir la más absurda invención, al innovar en la depresión que obstruyó su condición, acaeciendo constantemente con una canción, por desaparecer el corazón y en su lugar poner una piedra en su honor, que estruje el alma y abolle la conciencia que la acalla, destrozar la razón que volvió apareciendo en el dolor, combinarla una vez más sin el más mínimo color. Esforzarse por sentir que la vida que comienza ya no es nada, vacilar en una corazonada que permanece a pesar que ha sido premeditada, escudriñar el alma llena de escarabajos sintiéndolainsensata, suspirar cuando aparece la calma que la exalta, llorar cuando la sonrisa desborda la voluntad que encanta. Volver sencillamente en el proceder, desvanecer y retornar aquel pavor que la envolvía, mirar aquellos ojos que desnudaran su corazón, sin temor, sin compasión, sin destellos de ilusión, atravesarlos como espadas que se deslizan entre algodones que aguardan, enterrarlos como si en su existencia no significaran nada. Sobrepasar la palabra que actuaba con tesón, decidir que la desidia se apodera del espíritu porque no estaba en el cajón, escucharla sentida y atrevida a la vida en su expresión, sepultar todo aquello que desgarra la energía, en la muerte empeñada por la que no concibe olvidar esa mirada, aparecer como verbo cuando no se siente amada, existir en la contradicción de las palabras, concluir sin consumar que no es nada. Porque dejaste que conociera la adhesión en el amor, si después se ensimismaba en él cuando se iba por aquellas calzadas, desprendiendo escalofríos en cada palabra que alcanzaba, por la insensatez que suscitaba en el interés que declamaba, de la travesura en cada mensaje que descifraba, aquella mirada profunda que estremecía cada centímetro de su alma. Hiciste que fuera tierra y la dejaste ser mar sin agua, consideraste su fantasía como hielo en la nevera, no dejaste que viviera la utopía que eligió, desvaneciendo su condición de ser óptimo en plena decepción, cuando aclaraba en cada palabra, soy de carne y hueso y no un holograma, como una pizca de soledad conformada, sintiendo a tientas historias desgarradas, de un volcán en erupción que no estalla, en un espíritu que desazona al desencajar en la fé que clama. El amado ya no es nada, se le olvidó postrar la sinceridad que esperara, no encuentra constancia ni desgracia, sólo desengaño y desgana en vivaz campaña, se vuelve invisible a las señales que acertara, en la manipulación que atravesaba la paz que siempre buscaba.