


| Escritor: | blai |
| Públicado: | 14/07/2008 |
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desandar la tierra
y el ladrido del perro que ya
no me reconoce:
quedarme horas sentado
mirando ese mar
que nunca se desvanece:
aullar,
verter,
eyacular esa fiebre de lunas
como la voz
de una especie extinguida
en esa selva
de sienes,
de pechos,
de fogatas
en los acantilados
donde la tierra rompe
cada comisura
de la sal
y replegándose en si misma,
se vierte,
se cierne,
se va con el mar.
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