Déjame Enfurecer tus Deseos

Déjame Enfurecer tus Deseos

 

Sus labios susurran mi nombre

tras el cristal la desnudo

con la misma intensidad

de aquellos amores que surgen espontáneos.

¿Qué primavera te gradúo de ilusión,

qué árbol te cobija en un bosque impensado?.

Déjame arrinconarte en un pasillo

de esta antigua casa

y simultáneamente embriagarnos de este

instante,

enfurecer de pasión nuestros deseos

con la química de un beso.

Sé que me recordarás en la orilla del próximo oto
ño

en la ocasional tristeza que deshoja una sílaba

en el difuso aroma de una alameda al amanecer.

No será fácil que te olvide,

tu sensualidad horada la quietud de mis días. 

 

 

Un Fantasma Más

Lanzó su antigua red de encantos

la blusa a medio abotonar

y mediante este ardid consiguió mi amor

incondicional.

Ahora voy por el mundo cuesta abajo

ávidamente enamorado de su exactas medidas.

Quizás algún día la encuentre

con su traje de novia triste

una mirada de luto en las pupilas

y sin un anillo que se aferre a su dedo,

deambulando por la oscuridad de un parque.

No pienso renunciar a ella

aunque tenga que perder un sue
ño para hablar de lo soñado

antes que el fuego de la inquisición

se adelante unos pasos

e incinere los deseos de mi cuerpo. 

 

 

En el Lado Opuesto

Me situaré en el lado opuesto de la melancolía,

la noche se sentará a mi lado

y vendrán otras noches caminando a pocas horas.

A escasos centímetros de mis ojos una lágrima muere,

hereda la osamenta de tu rostro

la temperatura confidencial de todas tus tristezas.

Tú, no eres promesa de nadie

sé mi amante en el aliento de este beso

no pretendas olvidarme

ni confundir mi rostro

en el precario equilibrio de algún sue
ño.

Silencioso el calendario nos deja de lado,

quizás exista la posibilidad de encontrarnos nuevamente. 

 

 

Ella Continúa Olvidándome

Una canción antigua suspira por la orilla

y sólo por la orilla recorro nuestro pasado.

Ella en mi ausencia continúa mi olvido

construye cada día su propia historia,

con una herida en el espejo.

Caí en la trampa de sus labios

no intuí que esta batalla estaba perdida de antemano,

desde el inicio sus palabras tenían sabor a olvido.

Hubo entonces enormes razones para perderme

y hoy, no obstante se me antoja su cuerpo,

desnudarla con un poema diferente.

Una vez más mi mala suerte me traiciona

en la mitad del juego,

no conseguí un espacio en su existencia cotidiana.

 

Te Diré a lo que Vine

 

Un paraguas se llueve de tristeza.

Este es un error más de la lógica racional.

Muero definitivamente en el luto de mi vecina

en la sonrisa de novio pobre que se eterniza

en mi semblante.

Tú, intuyes la nostalgia fundamental de mis

días,

vislumbras la maldita costumbre de cruzar

a destiempo por tu vida.

Esta noche te diré a lo que vine

si esto ayuda a armonizarte

si acaso por error todavía me esperas,

si crees que alguna vez podamos coincidir en

algo.

Pero no digas a nadie

que me has visto transitar por esta calle,

apoyado de farol en farol

con una canción de Joaquín Sabina

que hice mía sin más testigos que la aurora. 

Mientras sue
ño con tus besos

tú modificas la temperatura de mi cuerpo

y no puedo evitar que mis ojos te desnuden.

Donde hubo un beso tuyo,

hoy arden mis labios. 

 

La Hora Propicia

Nada podrá detenerme

ni la hora más propicia.

Esta noche llamaré a las puertas

de tu ciudad,

seré el único habitante en una calle

que lleva tu nombre.

Abriré tu blusa perfumada a Chanel,

con la lentitud del deseo que sabe esperar

y apagaré ese incendio que permanentemente

te consume.

Gradualmente me impregnaré de ti,

será oportuno que pierdas al menos el 50 %

de la estricta razón.

Bajo el amparo del silencio

conjugaremos el verbo amar en todos

sus tiempos.

No cabe duda,

ni en sue
ño la naturaleza pudo haber creado

una mujer tan perfecta.

 

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