


| Escritor: | alepangel |
| Públicado: | 21/08/2007 |
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Hermosa deidad,
Que presenciaste mi nacimiento
Bajo el signo de aquel toro;
Por qué,
Después de haberme brindado tu melena
Para cubrir mi cuerpo en esas noches frías,
Después de haberme besado con tus afrodisíacos labios,
Y acariciado con tus finas manos;
Después de haberme vuelto dependiente
De tu suave piel, de tu mortífera fragancia
Cual recorre ese cuerpo infiel y magnético,
Ese demonio sensual e inquieto
Que me causa dolor al empujarme…
¿Por qué me dejaste,Solitaria e indefensa?
En ese camino sin rumbo,
En esa habitación sin puerta,
En ese cajón sin llave.
¿Por qué me dejaste,
Vulnerable y sola?
Frente al terreno hambriento
Que no se satisface ya con beber
De la fértil sangre que derramaste a sus pies.
Que no contento con bogarse el agua del diluvio,
Causado por las lágrimas derramadas,
Sigue exigiendo más.
Nada satisface su sed eterna;
Y tú, tú me dejaste aquí,
Sin alas, sin fuerza.
Pero un extraño me agarró,
Cual niño sin padres,
Abandonado a su suerte.
Me protegió bajo sus brazos
Suaves y fuertes;
Me sostuvo,
Como a un amante desecho por amor;
Me embriagó,
Con el néctar de sus ojos.
Juntó sus labios a los míos,
Me compartió la hedónica ambrosía
Y me envolvió en humo azul.
Su saliva como el opio, me confundió
Y me condujo por un sueño efímero
Que rompió frente al ébano
Que ardía en el fuego,
Producto del dragón enfurecido.
Escupía llamaradas infernales
Que pronto trajeron una neblina,
Contaminada y sofocante
Que me cegaba.
Pero aquella criatura que me resguardaba,
Me protegió ante aquel peligroso escarlata.
Era indescriptible a mis palabras,
Yo solo sabía que me encantaba.
Estaba hechizada con su extraña belleza femenina;
Una rareza por sus formas,
Por su fuerte y salvaje tacto,
Por su delicada y dulce piel.
Pensé en el hermafrodita,
Pero no, era una seductora.
Aquella fiera envolvente,
Me otorgó su esencia,
Y con ella me maldijo.
Ese licor, esa leche tibia,
Que caía por mi garganta
Y me adormecía como a un bebe.
Ese alimento que dio vida
A seres extraños dentro de mí,
Seres que me agobian
Al ver peligro en ciertas personas,
Que me marean y me agitan
Con el tacto dulce y suave,
Con el tacto de aquellas siluetas
Voluptuosas y onduladas,
Que se acercan con sus aromas florales
En busca de compañía.
Esas ninfas que me marcaron,
Y me condenaron al prejuicio extranjero.
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