CUANDO LAS SÁBANAS ESTÉN ROTAS
Abraza con tu carne mujer
esa parte de mi cuerpo,
suelta tus cabellos,
que en tu espalda caigan
como seda.
Clava con tus palmas gestos
en mi pecho, frota nuestros cuerpos hasta
el fuego, y viaja cabalgando
nuestros cuerpos al exceso.
Entrégate a mis ojos, encuentra
en mis pupilas el reflejo acalorado
de tu rostro, tu piel blanca, ahora rojiza,
húmeda resbala de contacto con la mía.
Hasta los dientes rojos, muérdeme!
encuéntrate en mi, conquístame
y emancípame, refléjate aún cerrando los
ojos, aún abriendo la boca.
Olvida que no estamos juntos,
que hay nadie frente a ti,
imagina que no existen estas palabras,
que nunca te escribí un verso imagina,
imagina que no existo, dedícate a sentir.
Ahora, así desnuda, cántame al oído
tus gemidos, recítame un verso gimiendo!,
yo no soy un hombre, busco ser poeta,
poeta distraído de tu cuerpo.
Enciende nuestro encuentro,
encuentra en lo sensible de mi
cuerpo lo profundo,
e inventa palabras de deseo.
Luego, cuando las sabanas
estén rotas, trenza tus manos
a la mías, y apoya con tu abrazo
tus senos en mi pecho.
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