CRISIS DE PÁNICO
Cerraron la puerta que da al patio con estrellas,
con candado me clausuraron y desaparecieron...
Desde entonces no soy más que apariciones,
un caminante en la playa congelada.
Me brotan las manos, la espalda, la cara
y me siento como secuela de un hechizo mal conjurado.
Me siento en las micros y no me reflejo en los espejos, hablo y hablo y las paredes me miran. Es terrible esto de querer ser en un contexto,
tratar de corregir lo escrito una y otra vez
sin alcanzar a retratar. Medianamente alcoholizada trato de entender
y entonces me da risa, mucha risa;
porque todo fue anuncio
siempre de esta quebrazón inevitable
y sigue sonando en mis oídos
algo así como el zumbido de haber dejado la tele encendida. Me salgo de contexto
y en mi pecho suenan los metales de trenes
descarrilándose en la noche. Me fue inútil huir al pesimismo,
las metáforas se hicieron carne de mi carne y nada sirvió, todo fue ruina, quemazón,
humo en esta guerra en que mi cuero es el mástil de una bandera blanca. Pura rabia,
dolor neto,
cada idea escrita es un parto de veinte minutos,
dos cigarrillos y tres lágrimas;
un paseo por el patíbulo de la memoria.
Me convulsionan los recuerdos metralleta
y apuesto todo por los que no sufren estos ataques,
por los que nadan en este sistema y son felices
y saben vivir...
para que me enseñen.
Tiene una intensidad que a veces esta al borde mismo de la locura visionaria.
Me recuerda la voz, esa escabrosa voz poetica, de la Pizarnik.