Quería necesitarte, añorar tus caricias;
quería demostrarle a mi corazón,
que la dureza no sería más parte de nosotros;
quería que mi corazón confiara en este amor,
Y me acompañara en la aventura de vivirlo...
Domaste a mi corazón aventurero,
lo acostumbraste a ti,
a latir muy fuerte al verte,
a oprimirse si las cosas te iban mal.
Él no quería eso, era libre;
despreocupado y un tanto caprichoso,
rebelde y andante cual caballero.
Pero tú le convensiste a ser diferente;
a dejar de ser libre, para pertenecerte,
a preocuparse por los demás,
le enseñaste a luchar por un sueño,
a obedecer de vez en cuando, y,
a sonreir cuando todo estaba mal...
Ambos le fallamos, yo me fui lejos primero,
luego tu también te marchaste,
cuando quise arreglarlo, ya era demasiado tarde.
|
Imprimir |
Enviar poema |
