


| Escritor: | albolivar88 |
| Públicado: | 05/02/2008 |
Quizás es cierto eso que me
dices porque, aunque no te veo alas
en los pies,
cuando caminas,
es como si apenas rozaras el suelo,
y cuando me miras,
pareciera que lo haces desde muy arriba,
ya que debo levantar la cabeza
para llegarte a la mirada,
y eso que te saco una cuarta por lo menos.
Otras veces me caes del cielo como por sorpresa
y me envuelves en un aroma tan fragante
que seguro se lo has robado a la rosa de los vientos,
y me mojas con una lluvia de besos
que me hace sentir
como cuando de niño chapoteaba en los charcos
con mis botitas nuevas de goma amarilla
bajo las primeras lluvias del otoño,
¡Qué gozo y cuánta risa!
y hasta creo que me rocías con un gas secreto
que por un momento me hace pensar
que contigo me elevo sin temor.
Y aunque tengamos de qué quejarnos
me dices que de tus vuelos aprendiste
que el miedo solo es plomo
que oprime y acoraza el pecho
de quien no se abandona a la gratitud
-y yo qué bien que me quejo de todo- .
Me comentas que andas con la moral por las nubes
y que, a vista de pájaro, visualizas sin problema
lo que tras esta áspera pendiente
y este bosque negro de enebros
nos espera: yo no te pregunto qué ves
pero me basta esa manera
que tienes de mirarme tan sólida
para sentirme de una pieza,
y hasta te pongo velas y te rezo
para que me protejas de mis vértigos
a las alturas.
¿Será que de verdad tienes alitas en los pies?
¡Qué suerte la mía y de que me ames también!
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