Sin visión, pero muy cerca. Así quiero que pasees sintiendo apenas los vellos de mi brazo izquierdo. Que lo único que observes por dentro sea mi prisma que te cubra y te ilumine. Lluévete sereno, próximo y contiguo al canto de mi dermis, que no hay muerte ni sequía en este culto que me ciñe a tu palabra. Ya te dije que descalza he de tragarme la distancia de un solo sorbo y parirte mi verso eterno, inolvidable una vez al año, buscando tus ojos entre la gente que, inútilmente divaga por el andén, mientras me desvisto de pasado y acuchillo un futuro que a tu lado, solo existe en la hora del agua y la luz que has prometido. Palpa sutil y haz invisibles las yemas de tus dedos. A tientas, inaugúrame el vientre con esa efervescencia invidente que me vuelve mansa, imprecisa, fiera. No hagas preguntas que despedacen nuestro tiempo, que no trae equilibrio sino una sola pirueta que rebana límites y nos hace pequeños. El boleto es de ida y vuelta, solo deja que me disfrace de silueta y olvídame si no vuelvo.