Idioma, honraré como a un dolor anciano
tus cirios enclaustrados en dieciocho banderas
americanas, un candelabro que tu mano
enciende y que, desnudo, le bañarán sus ceras.
Fuego de occidente, crepitante, azul, profano,
servicial y huésped insondable de mil maneras.
Bajo España llegaste vil, cerrado, ufano,
y retornas al son de rubenianas quimeras.
Aquende hieren mis indios dioses como astilla
a Luis de Góngora, de Garcilaso Inca hermano
de nariz, alma déspota y libros de arcilla.
Tú, si en darme convengas un lauro castellano,
antes nomina al Perú a verbo de Castilla
y asila en ti mi soneto americano.
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