Débiles sus brazos contra el cielo
levanta el rostro aún florecido
el roble sabana de pasado erguido
entre luces y sombras va muriendo.
Lanzamos al aire nuestras sonrisas
de cuando jugábamos siendo niños
caen los años y no somos los mismos
bajo la sombra gris de las lloviznas.
Se desmorona triste el seco roble
dejando que el tiempo lo deforme,
suspira el pájaro en el paisaje.
La vida decadente acaba serena
hundida en le sepulcro que espera
al seco madero en la oscura tarde.
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