CABALGADURAS TRASHUMANTES.
Me despierto apenas y ya el tiempo hace rulos con mis risas,
con mis lamentos, con los barcos que despliegan sus blancos lienzos,
en la rada sensiblera de mi frente descargando su estío de años.
Cabalgaduras trashumantes de todos los tiempos me visitan,
buscando mejores pastos donde verdea el espíritu.
El barullo vocinglero se desgasta en la tarde circunspecta,
como se desgasta el infeliz que un día fue hombre,
en el ambarino licor de mala muerte, que le revienta sus venas.
Y siento el dolor de su piel marchita, de sus ojos mortecinos,
de sus hijos que esperan, le doy la mano, le digo anda, ya es tarde,
vamos conmigo, levántate, confía, yo creo en ti y te escucho,
Al fin su niño interno me sigue, llorando.
Cuando ya muere la tarde.