Interesante... uhm la poesía nace de la ausencia de sensibilidad en el cuerpo... nace para llenar lo que algunas personas lo tienen vacío y al hacerse arte se comparte con el fin de sensibilizar a los lectores, y volverlos sensibles, nace de los sentidos del poeta, de cómo el poeta ve el todo, así como ver un río y no solamente ver agua sino primavera. Comúnmente el poeta escribe ese sentimiento en un papel, de diferentes formas lo escribe, lo puede escribir de forma oral como discurso, algunos la sienten intensamente y la viven, algunos corrigen y corrigen, algunos lo escriben como la primera idea y no lo arreglan, algunos quieren ser poetas a la fuerza, otros dicen no ser poetas, pero lo son, otros no son poetas por que lo que escriben lo escriben para ellos mismos, otros no se consideren poetas por que piensan que lo que escribe es muy simple ... pienso que la poesía es arte cuando es manifiesta al publico, por su mismo condición de arte y cuando es natural, espontanea, cuando no se fuerza nada, es mejor ya que el sentimiento es mas puro, verdadero... se es poeta en función al sentir, los poetas buscan sentir, aman sentir, tienen frío, y hambre, un poeta no puede ser una mala persona... por que simplemente siente, la poesía no tiene reglas y un poeta no debe criticar a otro poeta por errores ortográficos o técnicos, porque la técnica esta mas ligada a la razón, no es la crítica inherente al poeta, no se lo que soy al hablar de la poesía, pero reniego como renegó Neruda ante los críticos, me gusta sentir con algún poema, me gusta bucarle una interpretación y pensar en lo que sintió el que lo escribió. Amo la poesía. Y gracias por leerme.
Ahí les mando un poema hermoso...
Yo escribí cinco versos:
uno verde,
otro era un pan redondo,
el tercero una casa levantándose,
el cuarto era un anillo,
el quinto verso era
corto como un relámpago
y al escribirlo
me dejó en la razón su quemadura.
Y bien, los hombres,
las mujeres,
vinieron y tomaron
la sencilla materia,
brizna, viento, fulgor, barro, madera
y con tan poca cosa
construyeron paredes, pisos, sueños.
En una línea de mi poesía
secaron ropa al viento.
Comieron
mis palabras,
las guardaron
junto a la cabecera,
vivieron con un verso,
con la luz que salió de mi costado.
Entonces
llegó un crítico mudo
y otro lleno de lenguas,
y otros, otros llegaron
ciegos o llenos de ojos,
elegantes algunos
como claveles con zapatos rojos,
otros estrictamente
vestidos de cadáveres,
algunos partidarios
del rey y su elevada monarquía,
otros se habían
enredado en la frente
de Marx y pataleaban en su barba,
otros eran ingleses,
y entre todos
se lanzaron
con dientes y cuchillos,
con diccionarios y otras armas negras,
con citas respetables,
se lanzaron
a disputar mi pobre poesía
a las sencillas gentes
que la amaban:
y la hicieron embudos,
la enrollaron,
la sujetaron con cien alfileres,
la cubrieron con polvo de esqueleto,
la llenaron de tinta,
la escupieron con suave
benignidad de gatos,
la destinaron a envolver relojes,
la protegieron y la condenaron,
le arrimaron petróleo,
le dedicaron húmedos tratados,
la cocieron con leche,
le agregaron pequeñas piedrecitas,
fueron borrándole vocales,
fueron matándole
sílabas y suspiros,
la arrugaron e hicieron
un pequeño paquete
que destinaron cuidadosamente
a sus desvanes, a sus cementerios,
luego
se retiraron uno a uno
enfurecidos hasta la locura
porque no fue bastante
popular para ellos
o impregnados de dulce menosprecio
por mi ordinaria falta de tinieblas
se retiraron
todos
y entonces,
otra vez,
junto a mi poesía
volvieron a vivir
mujeres y hombres,
de nuevo hicieron fuego,
construyeron casas,
comieron pan,
se repartieron la luz
y en el amor unieron
relámpago y anillo.
Y ahora,
perdonadme, señores,
que interrumpa este cuento
que les estoy contando
y me vaya a vivir
para siempre
con la gente sencilla.
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