


| Escritor: | Atayo |
| Públicado: | 25/08/2008 |
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Añoranzas de tiempos idos
pasado hermoso, felíz
cuando lo cotidiano era importante
aún sin saberlo. Hoy vale más.
Recuerdos del ayer
que me hacen hoy lo soy
son las raíces del árbol
son los cimientos de la construcción.
Amor de mis amores
Barquisimeto mío
mi Ruezga norte, mi ferrocarril
mi gente bella de siempre.
Crepúsculos eternos
de las tardes larenses
regalo de Dios, adorno
de tardes sempiternas.
Y tú, verde Cuji
¿hasta cuando llorarás de dolor?
deja que los Chivos te ruñan
o por lo menos sombreen bajo de ti.
Mira al Obelisco, callado
imponente y radiante siempre
todo lo mira, todo lo ve
más calla, fiel a lo que es.
Puedes ver y aprender de la Catedral
recinto sacro, único
pedacito de cielo en la tierra
oasis entre la jugla de concreto.
Si pudieses elevarte, Cuji
podrías mirar la policromía
el reloj del Sol Naciente
y te alegrarías, cesaría tu llanto.
Si no te es suficiente
el 14 de enero verás
que las lágrimas pueden tener sentido
solo cuanto están al pié de la Virgen.
Tú, como yo, verde Cuji
sabes que el ayer y el hoy
no fué ni será nada
si no le damos sentido.
Ven conmigo, pues
busquemos el Crepúsculo
y en los valles del Turbio
Sentemonos a soñar.
Concertemos esta noche la cita
tal vez el infinito sea surcado
por la estrella llorosa de Lauro
y el violin de Don Pío nos arrulle.
Cuando menos han de sonar las notas
de la dulce guitarra larense
o quiza de no se donde ni cuando
veamos del Carota, el espanto.
Atayo
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