


| Escritor: | marsal |
| Públicado: | 29/03/2008 |
Todos los dias nos despertamos intentando exorcisar la relidad al tiempo que entre la energia de lo esperanzador y el sindrome laberintico de los problemas del ver como hacer en el diario quehacer, nos vamos reeditando en la búsqueda de un nuevo formato, cual directores de una película repetida, sobreeditada y sin aparente final.
Todas las noches nos acostamos como haciendo un rito a nuestra eterna horizontalidad de un dia trasncurrido por cumplir ó alcanzar un poco mas con nuestras metas diversificadas en un calendario personal de los pocos años aglutianados en nuestra existencia mortal.
Todas las horas, vamos ingresando en la selva de nuestras contingendias para buscar nuevas rutas, penetrando cada vez mas, entre el angaño de las promesas fangosas, los charcos de la falsedad, las raciones de humanidad, las lluvias torrenciales de preguntas, los proyectiles de la tribulación, los bejucos de la esperanza, la cantimplora del descanso, los zancudos de distracción, las extrañas aves de la memoria, con la fuerza en el carácter, la brújula en nuestro norte, la resigancion en la muerte, la esperanza en la familia, la verdad en lo jurado, la determinación en camuflado, armados de objetivos, con obstáculos minados, con la fe en nuestras botas, el morral de la vida a cuestas y el sudor del tiempo en múltiples operativos encubiertos y oficiales de nuestras guerras, con la voz del general eterna e imperativa en 24 órdenes dando mandos...
Todas las mañanas, nos estacionamos rato para lavar un chasis llamado cuerpo, al tiempo que calibamos y balanceamos nuestro cerebro, limpiamos el parabrisas de nuestras visiones, engrasamos el cigueñal de nuestras acciones, lubricamos el motor de nuestra imaginación, mientras ajustamos el claxon de nuestra voz, probando de paso las luces altas y bajas de nuestras metas, nos observamos en el espejo retrovisor; como advertencia contra accidentes por si algo que venga de atrás no nos atropelle de repente; aplicamos un desayuno abundantemente octanado y arrancamos tomando el timón del destino con parada en la próxima estación de los años, donde subiremos o bajaremos a los pasajeros dispuestos a pagar el precio de nuestro viaje, por los intrincados y reconditos caminos de la vida...
Todos los años en sus dias, salimos tras bastidores a ascena, para intentar configurar un episodio más, en donde el tiempo del sol a luna nos marcan un nuevo paso a dar, en la famosa obra de la vida, donde nos encontramos con múltiples actores cada uno asumiendo el papel que corresponda de acuerdo a las circunstancias; asi vemos, al desprovisto de un acto más, al que se cree provisto de todos los libretos, el que renuncia antes de empezar; el que tiene las ascenas contadas; al que está de gira en temporada; al que lo hacen renunciar; la que tiene todos los papeles pero no sabe que escoger para al final quedarse con el peor; el maravarista que todo lo improvisa para encontar una razón a la obra en la que está; el que tiene aquel único papel y tiene que hacerlo bién pues de eso solo sabe vivir; el que le toca actuar pues su obra así lo amerita; la que se comprometió a un libreto y le gustó tanto que no volvió a salir de él; el que tiene tan bien planificado cada cosa que si le cambian una cuartilla del guión, la vida se le desbarata; el que se reinventa todos los dias y busca una forma distinta de contarse la misma historia; el actuó para comprar la vida con dinero pero el tiempo le terminó debiendo; la que no tuvo oportunidad para un acto más; al que le fué cohibido su libre actuar; el que asumió un papel porque le tocó; el que le tocó un papel que no asumió; el que tiene tanto papeles que no sabe cual es de ellos es el mejor, la que espero uno que nunca llegó, los que tienen los paples interecambiados; los que no tienen los papeles debidamente asignados, los que piensan que nunca su actuar les fue reconocido, los que tienen todo el reconocimiento, los que son agradecidos con lo que son, los que reniegan de lo que consideran que les tocó, los que se superaron en su actuación, los que simplemente dejaron pasar el tiempo en su audición; y en tanto y todo, El "director" detenidamente nos observa, mientras algunos piden su concejo o guia, otros simplemente lo ignoran y otros ni se dan por enterados que estan en el acto o si alguna ves actuaron; y con tanto de "el, la o los"; la escena final se acerca y asi se este preparado o no, habrá que asumirlo como un episodio más, de la tan recordada y memorable o olvidada y pérdida obra de la existencialidad, en el escenario del llamado mundo y donde depronto ganaremos un "oscar" a nuestro histrionismo; para quizás ahí comprender, si nuestro actuar fue tan veraz en consonancia con nuestra realidad o vivimos simplemente actuándonos y cuando nos dijeron o dijimos "cortén", nos bajaron o bajamos del escenario con la incertidumbre de saber si fué un acto de vida real o fué el libreto que la vida misma nos paso para actuar, del reparto universal, en el gran teatro de la huminidad, con una puesta en escena por la eternidad...
A. MARSAL.
D.R.A.
(Dedicado a todos los que convergen en este espacio)
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