Si, así fue, lo conocí en los días de ayer, en la hora en la que el sol y la luna se encuentran de frente, 5:23 pm. exactamente. Moreno, ojos tristes, castaño su pelo y con una voz que tenía por acento al idioma del viento. Nietzche, Cohelo; divagaba su mente, mientras la mía lo hacía en su piel y esa mirada de diamantes negros. Pero duró más la despedida que el encuentro y se fue alejando con pasos de entierro.
Si, es cierto, aquella será la primera y la última vez que lo viese, mas sus ojos melancólicos se quedaran guardados en aquel umbral donde la memoria atesora los recuerdos ridículos, que suelen ser también los más profundos y queridos.
Si, lose, absurdo parece sentir cariño por el sujeto de un único recuerdo y anhelar que aparezca en otros más seguido. Mas no puedo evitar pensar cada vez más en aquel momento, a las 5:23pm, en el que dos extraños dejaron de serlo.
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