Amor infinito, no sé cuántos colores has inventado en el jardín prófugo de nuestros sueños tropicales. Un hálito telúrico me hace una promesa, y veo nuevamente la cara de la conquistadora de mi tierra en la moneda que late. Amor, gracias por venir a rescatarme, y así sentir la catarsis que tus ojos provocan. Yuli, eres tierra y conquista, dulce y ajenjo, fría y estimulante, rocío y tempestad. Te amo con todo y tus sueños de locura y guerra. Te amo porque en tu cuerpo, prefiero estratagemas. Sin nada y con todo, te amo. Es muy célebre terminar un poema, si el amor enciende, cada día, el fuego en nuestra hoguera.