Emisioncitas de luz arañan mis ojos cansados por el devenir del tiempo, manifestaciones tan poderosas de energia que me hacen un nudo en la boca de mi estomago. La inflamación es total, irreversible diría, porque es tan poderosa tu luz inacabable que se me agarra en mi lengua parlanchina.
Parte de mi cerebro, si me haces un tallo cerebral esta de rosa del amor perpetuo agarrado a mi hipotálamo, seguido de mis moléculas de proteínas y mi cerebelo se transformo en una cajita de bombones, rellenos del licor de la ambrosia y mistela, con sutiles gustos de ron. Y de regalo guindas verdes y rojas. Como mi savia que pasea por mis venas locas del palpitar rojo de mi corazón.
Amor enfermedad de los suspiros, de las miradas envenenadas con puntas de flechas de un tal Cupido.
Me reflejo en el espejo de mi vida, ya no sale con mi rostro, ni mi cuerpo, tu ocupas mi lugar en ese mar plateado de mercurio reflectante.
En la tenaz muestra de la dulzura, en la más húmeda catarata del fluir liquido amoroso, donde los peces se tornan besos y las algas abrazos.
Donde las alegrías se mezclan con el sabor amargo de las tristezas y el sabor de tu saliva me quiebra el alma en mil pedazos.
Quiero mirar al cielo y ofrecerle una cantimplora repleta de gracias mojadas por el llover de la vida, porque sus gotas húmedas fueron a parar a ríos y mares, trayéndote a mi lado. Quiero calentar nuestro amor al baño María, dejando que se cuezan nuestras burbujas vespertinas con las pausadas brasas encendidas, hasta que llegue la oscura noche de los tiempos y podamos cenar mil besos cortados en juliana.
Y después tras el festín, te limpiare con mis dedos las sobras de tu boca. Y te entregare el pastel chocolatoso y más dulce que tu paladar ingirió nunca, nuestros besos y abrazos servirán para brindar esa cena adornada de afecto, cariño, apego, ternura, armonía, devoción, amor en un estado tan puro que el respirar nos dolerá.
Sumergidos en un océano de éxtasis, donde seremos náufragos o buceadores al caso. Tu serás mi hilo de la vela y yo seré tu cera, y de tantos besos y fricciones encenderemos una llama traicionera que nos ira quemando a ambos. Pero ese calor febril, repleto de efervescencia cálida y luminosa, será vehemente con nuestros espíritus porque nos regalara la paz eterna.
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