AMIGO VIEJO.
La paciencia no era tu espejo retrovisor
cuando encarabas la injusticia.
Por eso, fuiste mi amigo viejo,
por eso, palmo a palmo fuimos ganando confianza
y poníamos flores en los tramos de piedra de la vida.
Caramba mi amigo viejo, hace mucho me dejaste
y todavía veo la sonrisa iluminando tu cara,
con mis chistes de buen y algunos de mal gusto,
pero para eso son los amigos para justificarse
y arrimar el hombro cuando el ciclón arrecia.
Sé muy bien cuanto temías a la partida
y te fuiste tranquilo, ¡rápido! como el que no quiere volver el rostro.
Mis años más tropelosos que los tuyos,
no fueron óbice, para contarnos y consultarnos;
bellaquerías intimas como camaradas de salón.
Así es la cosa, amigo con la luna en tus cabellos,
llevabas la eterna esperanza de ver tus palmas libres;
como las mañanas de Domingo de nuestra campiña.
No apures, que cuando ellas flameen al viento sus cabelleras
verdes de alegría por el nuevo sol que debe alumbrarlas,
este amigo te llevará un ramo de rosas tan rojas,
como la sangre gloriosa de nuestro Pepe, en Dos Ríos.
Y tú con esa sonrisa franca, en el lugar que estés,
iluminaras mi vida. ¡Amigo!
10 de Enero del 2004