Amanece en sus pasos.

 

Su intriga precisa acompañaba cada uno de mis instantes, fue para mí, el entrañable aroma de de la ebriedad en su ausencia, y se convirtió en el monumento imprudente del conocimiento desafiante.

 

Crecía en su piel la gloria perdida, en sus senos gracia inmensa de sabores armoniosos que diluían la prudencia del deseo, sus ojos fueron de todos los otoños el más triste, y con el pardo de su descontento, llegaría a mi calma la imponente presencia de su frialdad, acogida en un beso de fulgores ardientes y helados suspiros; culminaba en sus labios el ansia oscura de un pobre amor corrompido por su mente.

 

Amanece en sus pasos la ternura clara de una flor libre de intrigas, y se marcha antes del medio día para escapar serenamente al ocaso solitario que supone el fin de su agradable conciencia,  el clímax del olvido idóneo, la memoria del pasado redimido, y  el caótico principio de nuevas noches irrespetuosas para cada uno... 

 

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Escrito por: Morgataria       17/09/08 02:45
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