


| Escritor: | Doret |
| Públicado: | 16/10/2008 |
Un alma se perdió una vez en un camino tempestuoso (se engañaba fácilmente por las referencias que hallaba a su paso). Su risa había sido opacada por vientos que soplaban muy fuerte. El camino la volvió tan volátil, que un día por fin logró llorar e hizo quejar al cuerpo que se encontraba a kilómetros de su morada. Así en medio de su gran pena, fue que sintió el más grande de los declives, en el más pequeño de los abismos. El llanto fue una lluvia repleta de sensaciones en espera, llena de transiciones y empapada en recuerdos. Ella se sintió fuera de rumbo y mojada, aunque un poco más viva que su cuerpo, y también más educada.
Pequeña alma aquejada de vientos nuevos;
pronto sabrás que tu cuerpo ha muerto
y no junto con él tu faena
Alma desmedida
piensa en cuántas cosas te distrajiste en vida
y encontrarás la razón de tu llanto.
Alma joven
mi trabajo es quitarte esos recuerdos
porque sólo ha fenecido el cuerpo
y no junto con él tu faena
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