AL ARBOL DE MI INFANCIA
Mi viejo Lapacho se mece mansamente
al frió ritmo de la brisa de esta mañana
del verano, de otros veranos ardientes.
Bulle su savia por dentro
y lloran sus hojas por falta de flor.
Has sido testigo de vidas
y ya nadie se sienta bajo tu follaje.
Es que abundan tristezas
y hay falta de amor.
Ya no se escuchan los cuentos de abuela.
Todo es silencio.
Se transformó en cruces
la ronda de niños.
No se ha muerto el murmullo.
Carencia de risas.
¿Dónde están, donde se fueron?
Mi viejo Lapacho también languidece.
Acaricio su vieja corteza.
Lo abrazo y le pido
¡Tan solo un segundo volver al ayer!
|
Imprimir |
Enviar poema |
