Aeróbica instrospección

Foto: Cortesía de Rodolfo Alejandro Ponce
Como un grito ahogado
que se demora entre las ramas,
la luna en plenitud dispersa su luz
para dejarla caer sobre mi mirada.
El cielo arriba,
y la ilusión abajo
Soy entonces ese árbol erguido
e interpuesto entre las sombras,
como un muro tempestuoso
que se abraza a la noche
con su amor blasfemo
sin sosiego y sudoroso.
Silencio, solo silencio
de espalda al crepúsculo
ignorándolo todo.
¡El viento!...
Mil remolinos
de pensamientos
que me abandona
a meced de un fuego
adueñándose del tiempo
con su apaciguar de caballos,
para convertirlo en fugaces gotas
que yo enredo bajo mis párpados.
Y si duele el polvo
cuando se imanta
en cada hebra de cabello...
¡Ya no siento o no recuerdo!
Porque majestuoso es el vuelo
que en nostálgico hechizo
toda evasión hace desalojo,
sin saber si es sangre o gasa
este color amable y perfumado
que sobre mi piel extiende sus alas.
Y descubro...
Que yo misma soy al desnudo
soñadora y sin fronteras,
que sin verdad ni mentira alguna
de las viejas hojas me despojo,
incluyendo las huidas
de vigilia en ceremonia.
Parto diferencias con el frío
para dejar de ser pez arponado,
porque una vez más me desvalijo
de celdas, grillos y clavos..
Regreso inmune de espejismo
sin dejar caer un instante el alma,
porque la noche ya no hace tráfico
desde los abismos de mi boca
y vuelvo de nuevo a ser dulce grano
en las palabras que de sal no saben,
saltando desde el recuerdo
con las manos vacías de neblina
pero llenas de asombro,
para develarme como
aire,
tierra
agua
y fuego
©María Elena Ponce®