Adiósa tu sombra Por Eduardo Valdivia Sanz La otra noche en la biblioteca vi tu sombra pasar de prisa, acababa de afilar mi navaja, quería abrirme las venas mientras miraba esa fotografía tuya con una suerte de premura de elfo, quise sonreír a tu recuerdo pero fue imposible, tus manos no rozaban mi espalda, y sentí esa risa de vestal en el rumor de las madrugadas; apuré mi cerveza y quise ser un maldito sin alma, un fruto del desierto que se contenta con Bach y con dolores de argenta, entonces supe que no podía rozar tu recuerdo; maldije al dios del poniente, y pensé que su obra era inexacta, como un espejismo de las estrellas; en aquel instante entre los hados y los ojos de la serpiente, fui un rebelde en contra de sus designios, no sé en que pensaba ese dios de la muerte cuando arrancó mi carne de ti, cuál fue mi falta para perder tu sombra, cuál fue el motivo para perder mi motivo de ser un hombre feliz.