Ah! Dios, esa tristeza
que siento a cada paso
que indelebles va dejando
sus huellas en mi mente,
pincelando a cada trazo
por segundo de mi vida
vácuos espacios inservibles,
vacíos, nada inamovible,
que se prende como lapa
en el fondo de mi espíritu,
como hierba va prendiendo,
como hiedra va creciendo,
ahogando con su paso,
apretando, sofocando,
elevándose a pasos agigantados
cubriendo con su sombra
toda esa luz qué,
con el tiempo minimizándose fué,
ahora sólo rescoldos quedan
de lo que otrora hoguera, que,
viva y reluciente en mi alma residía.
Y, esa agotada fuente que
casi moribunda hallo,
revive hoy con el brillo,
con la fuerza de una estrella,
luz abrasadora, fuerte, vivaz,
que solo el amor brinda,
que solo tu amor vierte
en el pozo, en la sima
sin fondo de mis sentidos
casi atrofiados por la pena,
por el dolor y la duda.
Y es así que al abrigo
de tu compañía,
renace rediviva la esperanza,
la alegría, certidumbre compartida
de haber hallado el camino,
que bajo la brillante luminosidad
que solo tus ojos emiten,
he de recorrer.
Gracias, pues, por haber decidido
compartir tu camino
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