
A LOS PEDAZOS DEL DIECIOCHO DE MAYO
El dieciocho de mayo deleitaron entre la detonación.
En el corral del mercado Túpac Amaru retozaron hasta acabarse.
Nunca fantasearon de lo que más tarde iba a suceder.
Nunca soñaron yacer en el altar del segundo globo.
Ni yo me imaginaba de lo que pudiera pasar
Hombres y mujeres combatieron en el certamen nostálgico,
De aquel sueño que se hizo realidad
Fantástica en el fondo de aquel vaso roto.
La oscuridad hizo bailotear para la eternidad
Tras la negruzca noche detonó el silencio.
Las luces resucitaron con el soplo del viento
Mientras otros gozaban del tueno, yo disfrutaba las heridas.
No quiero recordar los momentos más tristes esta noche, no quiero
Aquel explosivo descargado, destrozó mi cuerpo,
Cuando centenares de prójimos saboreaban el dolor
¡Auxilio! Es lo que mis oídos sordos oían en ese instante.
Cuando más corría el río de púrpura por las riberas
De Raúl Porras Barrenechea, más olas de sangre se veían.
Unos sin mazos, otros sin avizores, con clavos en la sesera,
En la peana; muertos un par de sujetos posaban en el piso.
Y nunca sucumbió aquella desventura.
Con clavos en el espíritu, aun con vitalidades
Sollozaban en voz de mártires.
El Perú, Juliaca y el mundo
Fue escenario de aquel perjuicio.
La maravilla los capturó a toda la humanidad
Cuando el alba llovió de informaciones
De aquel atentado de Túpac Amaru.
Cortejo jubilar, crepúsculo infausto
Una tragedia, un viernes en la noche;
La aurora de un sábado enlutó a miles
De juliaqueños, peruanos y americanos.
Tres días de combate la ciudad afligida
Sábado, domingo y lunes;
Más de un millar de individuos
Ensangrentados pernoctaron en las calles.
Mientras los millonarios qué
Ja, ja, ja muy dichosos espectaron
Por los canales de mi cerebro.
Declarar duelo nacional fue peliagudo
Actuó la necedad de los gobernantes.
¡OH! aimaras y quechuas
No dudaos de mi existencia, os demandaré.
A sus refugios los despacharé a los ricos.