A café con leche

Era una mañana gris, muy gris.
Entré en el mismo bar de siempre,
me repugnaba el olor a café con leche,
sin embargo pedí un trago y me senté.
Descorrí las cortinas que tapaban la cristalera.
Encendiéndome un cigarrillo miré la calle,
advertí que la gente afuera caminaba como siempre
pero mis pensamientos se clavaron en ti.
Una cortina de humo me separó de aquel ambiente
y tras esa nebulosa opaca imaginé verte allí.
No eras un hombre cualquiera, eras tú, simplemente,
y yo, junto a ti, ya no era la misma persona que era.
Me dejé llevar del pensamiento,
te sentaste junto a mí,
me dijiste tantas cosas...
las que siempre quise oír.
Mi cigarro se agotaba
pero me sentí feliz;
estaba junto a mi hombre
y él estaba junto a mí.
Poco a poco se fue extinguiendo el humo,
poco a poco te fuiste alejando de mí,
pensé que saldríamos juntos
pero tú te quedabas allí.
Un tufillo a café con leche penetró por mi nariz,
me sacó del pensamiento, me trajo hasta aquel asiento
de ese repugnante bar, donde, desde hace mucho tiempo,
suelo venir a desayunar.
La gente en la calle me recuerda a ti,
ese hombre de allí enfrente se te parece tanto...
Si me hubieras dicho todo aquello que yo deseaba oír...
Tu imagen se fue desvaneciendo
mientras tú te alejabas de mí.
En la memoria de esa tarde llega el silencio ajeno a tus deseos...
Cariñosamente
Cuando el amor se convierte en el fantasma perseguidor...!
Muy bien logrado, Ave. Excelente!
Un abrazo, amiga.
Y cuando reconoces al amor, lo ves en todos lados, yo creería que más que amor es obsesión...
Un estilo distinto a lo que acostumbras... una historia muy bella, pero con amargura interna...
Un beso!...NoU
Romanticismo medular,amiga.Sólo baja a la realidad con aquel"tufillo a café con leche".El encanto se apodera de aquella escena cotidiana,sólo expresada así,por quien vive enamorada de un ideal.
Un beso,
Miguel.