1974 año del tigre

 


 

 

Navego con las velas arriesgadas

 

sin darme cuenta.

 

Soy como un árbol que tiene frescas las raíces

 

pero sin hojas las ramas.

 

Puede que esté triste o que sea triste,

 

¿dónde está la diferencia?.

 

Son tantas las preguntas y tan pocas las respuestas

 

que desespero sin remedio.

 

Junto los pedazos de este puzzle roto

 

empieza a verse el dibujo,

 

el duende va creciendo poco a poco

 

tratando de ir ordenando

 

 las palabras

 

que dibujen el sentido de mi vida,

 

haciendo la tristeza placentera

 

y estandarte de la melancolía.

 

 

  Quiero volver, pero no puedo,

 

que no han cerrado las heridas,

 

abierta continúa la trampa

 

 que me dio  quitándome tantas cosas.

 

Ahora me asusta que ya no quede nada.

 

Quedará sólo el recuerdo del dolor,

 

 la angustia por querer lograr el sueño,

 

del deseo de morir ,sí, pero más tarde,

 

después de haberla conseguido,

 

haberle dado mi sangre.

 

  Quiero volver ,

 

tal vez debiera hacerlo:

 

dejar de remar contra corriente

 

sintiéndome llegar de nuevo a aquel Infierno

 

que  parecía Cielo.

 

Quisiera acercar mis manos a esas llamas

 

que primero calientan y después abrasan,

 

dejarme mecer por la cruel dama

 

y dormir el sueño de los idiotas

 

creyéndome invencible, pero sólo hasta mañana,

 

que despertaré abrazado a mis rodillas

 

llorando por volver a ser libre,

 

por ser como soy ahora,

 

por ser yo , no piel y esqueleto,

 

por poder pensar , soñar, ver el cielo

 

y levantarme cada día agradeciendo seguir vivo.

 

 

Vivo en un círculo , así ha sido siempre,

 

circunferencia perfecta de estupideces repetidas.

 

Mañana dormiré , hoy no tengo sueño,

 

hoy quiero contar que sé lo es ser dueño

 

de la vida de otro por un momento,

 

que se puede pensar aunque el cuerpo  no se mueva

 

como se pude llorar aunque la herida no duela.

 

Quiero contar que he visto los minutos

 

pasar tan despacio como si fuesen horas,

 

riéndose de mí :

 

sudor , escalofríos , calambres

 

hambre y vómitos hasta hartarme,

 

bombardeo de cerebro hirviendo

 

y ojos fuera de sus órbitas.

 

Un segundo.

 

Me agarro fuerte besando la almohada,

 

cuento las grietas del techo,

 

les grito llorando a los espectros,

 

sangre negra, negro aliento.

 

Dos segundos.

 

Me levanto , vuelvo a acostarme,

 

de pie muero, acostado no vivo.

 

Mis manos son garfios que desgarran

 

la piel para sentir un dolor distinto.

 

Tres segundos

 

Cuatro segundos.

 

Cinco segundos.

 

Segundos...

 

Segundos...

 

Segundos que no pasan, que dan vueltas

 

mientras espero que llegue...

 

ese segundo eterno.

 

Regístrarte y comentar el poema

Comentarios:

Escrito por: Lie       09/07/08 13:38
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
He leido este poema, y primero me pareció melancólico pero tierno y acabó poniendome triste, al final me ha gustado porque eso es poesía, algo capaz de hacerte sentir emociones aunque no te gusten.
saludos.
lie
Páginas: 1

Imprimir

Enviar poema
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar cuentos