


Columna Nº 15 del escritor Norberto Federico Fernández Lauretta
Programa Puerta abierta al arte/ Lía Accetta - Sábado 8 de agosto de 2009
FM 101.9 SONIX / Radio Rivadavia
No hace mucho leía un discurso narrativo de Tomás Eloy Martínez, un escritor de ingenio agudo y expresión clara, que admiro hasta mi confesión de iniciar con él hoy mi columna sabedor que eleva la calidad de lo mío. Además, coincido con su pensamiento.
Cuenta el autor de La novela de Perón y Santa Evita que, en su debut en la redacción de un periódico, siendo muy joven, su jefe le dijo: Hay que cuidar las formas, y se lo repetía; hay que conciliar, le decía y agregaba: hay que entender el juego del Poder.
¿Para qué queremos la democracia si no nos atrevemos a vivirla? Esta pregunta se la hizo Tomás Eloy Martínez por años. Hoy reflexiona: Estos son los tiempos más difíciles que se han vivido. ¿Alguna vez, sin embargo, nuestros tiempos han sido de otro modo? Los tiempos difíciles suelen ser aquéllos en que uno se formula las preguntas importantes y en que, para sobrevivir, necesita contestar a esas preguntas lo antes posible. Y se pregunta: ¿Qué sentido tendría proteger a la democracia privándola de su razón de ser: la libertad de pensar, de expresar, de saber? Y concluye: Para cuidar la democracia, se pensaba, era preciso disimular los pasos en falso de la democracia. Y sin embargo, nada es menos democrático que callar. Cuando el silencio dura demasiado tiempo, la palabra corre el riesgo de contaminarse, de volverse cómplice.
(Breve cortina musical)
Hemos tenido sobrada muestra gráfica y filmada con la impresión vívida del dolor con que la privación castiga ciertos sectores de la sociedad argentina, especialmente en determinadas regiones de nuestro país. La angustia por la pobreza y su secuela de miseria es cruel y compleja. La profundidad, el tormento y la degradación que inflige no pueden reflejarse en estadísticas, pero siempre tiene rostro humano. Esta realidad, más allá de nuestras fronteras, la vemos también en Caracas, la capital de Venezuela, pese a su riqueza petrolera; y en el altiplano de Bolivia; y en Ecuador, y en Paraguay; y son países supuestamente progresistas, con gobiernos elegidos democráticamente por el pueblo. Asumen al poder, hablan de cambios y toman medidas sociales, pero pasan los meses y los años, se genera inflación y más deuda externa, y, aunque los métodos son otros, los resultados son los mismos, profundizados por el tiempo transcurrido. Se culpa entonces a la presión capitalista (que no dudo), esgrimiendo actitudes antidemocráticas, contra los medios de difusión o contra las libertades individuales; y es sabido que el poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente.
(Breve cortina musical)
En Sudamérica hay millones de seres castigados por la enfermedad y la desnutrición, en situaciones que inspiran compasión; y, sin embargo, tiene suficientes riquezas naturales y es una importante productora de alimentos.
En nuestro país, por ejemplo, antes del conflicto Gobierno Nacional Campo, se producían once veces más alimentos de cuantos nuestra población consumía. Sin embargo paradójicamente, había y hay cada vez más sectores sociales que pasan hambre, con niños que mueren desnutridos.
Sudamérica ha sufrido dictaduras militares y gobiernos democráticos débiles o corruptos, generadores de abultadas deudas externas. Es la mayor semejanza que tenemos. En los años ´60 y ´70, cuando Castro exportaba revoluciones, se hablaba de la pobreza como caldo de cultivo de la guerrilla, y de los pobres casi siempre prolíficos, como material propicio para la explotación política de los movimientos de extrema izquierda; pero no se hizo nada para evitarlo, salvo la represión militar. Se atacó el efecto pero no la causa. Luego vino la democracia, y, a cada cambio de manejo económico, la deuda externa crecía y la pobreza también. Los banqueros nos decían que no hacíamos bien los deberes. Luego nos dijeron que la solución estaba en profundizar las medidas económicas dentro de un marco de conducción neoliberal, y la falta de trabajo creció, y con ella la miseria y la desnutrición; y cuanto más profundizábamos el sistema peor nos iba, en tanto los políticos corruptos y los empresarios con privilegios se enriquecían; y siguió creciendo la deuda externa y la desocupación y la pobreza y la miseria y la desnutrición.
Desde el retorno de la democracia de manos del Dr. Alfonsín, cada cambio de ministro de economía presentaba estos guarismos. Son informes de la prestigiosa SEL Consultores y datos oficiales:
DEUDA EXTERNA
· AÑO 1983: U$S 25.440.000.000.-
· AÑO 1989: U$S 63.314.000.000-
· AÑO 1995: U$S 87.091.000.000.-
· AÑO 1999: U$S 121.877.000.000.-
· AÑO 2003: U$S 129.724.000.000.-
DESEMPLEO:
· AÑO 1983: 4,7 %
· AÑO 1989: 7,6 %
· AÑO 1995: 17,5 %
· AÑO 1999: 14,2 %
· AÑO 2003: 22,3 %
POBREZA:
· AÑO 1983: 27,7 %
· AÑO 1989: 47,3 %
· AÑO 1995: 24,8 %
· AÑO 1999: 26,7 %
· AÑO 2003: 54,3 %
En los años siguientes ya no recibimos datos confiables, pero esta semana en el Vaticano el Papa, alarmado, mencionó, para nuestro país el 44% de pobreza; en tanto Néstor Kirchner reconoció el 24% y los datos oficiales del INDEC nos informan sólo el 15%.
Mark Twain, con la ironía que lo caracterizaba en estos temas y en muchos otros opinaba que había tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas. Del 2003 a la fecha no tengo datos confiables, sólo supuestos y no es serio para mí darlos; aunque ellos son reveladores de la opinión de Mark Twain.
(Breve cortina musical)
Si Von Mises hubiera renacido en los años del menemismo, se hubiera sentido frustrado al ver cómo el riojano echaba a sus espaldas los desaciertos de su tergiversada implementación, a conciencia y ex profeso, de los postulados de su doctrina.
El sistema neoliberal que implementó, alejado de la austeridad propuesta por Mises en La Acción Humana, en su deformación pasó a ser capitalista fundamentalista (prefiero definirlo así).
Luego vino cuanto vino y pasaron cuantos pasaron; y llegó Néstor Kirchner y siguió Cristina Kirchner y ahora no nos quejemos tanto si no hacemos propuestas; ni nos asombremos si hemos cancelado la deuda al Fondo Monetario Internacional (que festejamos a sabiendas que era sólo un golpe político), para endeudarnos a costo más alto con Venezuela. Menos nos quejemos si en paradoja ya se habla de volver al FMI, porque somos socios y nos es más económico. Sería un nuevo error ex profeso y un acto más de corruptela vendepatria.
(Breve cortina musical)
La provincia de San Luis no está endeudada, por el contrario, nos deben. No le caben las generales; pero a nuestros dirigentes nacionales justicialistas les recuerdo estas históricas y sabias palabras del Presidente Perón durante la Tercera Conferencia de Gobernadores, en Buenos Aires, el 14 de febrero de 1952, transcriptas ya en mi columna del 30 de mayo pasado, y dicen: Podría hacer inmediatamente un empréstito, en una parte o en otra. En este momento bastaría que dijera que sí a algunos, para obtenerlo. Pero tendría que bajar la cabeza como presidente de los argentinos, y significaría que toda la Argentina baje la cabeza. No, señores, nosotros no vamos a hacer empréstitos. Si es necesario vamos a comer menos, vamos a gastar menos en ropas, menos en cosas superfluas, tendremos menos automóviles. Todo cuanto quieran, pero empréstitos no vamos a realizar Vamos a conquistar la riqueza con nuestro trabajo, y, si es necesario, con nuestro sacrificio, pero no recurriremos al usurero. Ese camino lo conocen todos muy bien ¡Pobre del país que cae en manos de los actuales usureros!, porque esos le sacan no sólo el dinero, sino la independencia, la libertad y la dignidad
(Breve cortina musical)
Si vamos a seguir profundizando sistemas, aunque hagamos ahora mejor los deberes, deberá el gobierno nacional considerar antes de recurrir al prestamista las siempre vigentes palabras del Presidente Perón; y los señores financistas internacionales replantear sus conceptos de las economías de mercado, conforme fueron adoptadas hace más de cincuenta años por las modernas democracias europeas de la posguerra mundial, so pena de verse lanzando un boomerang.
Alguien dijo: Si los lobos contagian a la masa, un mal día el rebaño se convierte en horda; y vuelvo al admirado escritor de mi prefacio.
Para hablar hace falta valor, y para tener valor hace falta tener valores. Sin valores, más vale callar.
Si insisten en lo mismo sin éxito, ni la democracia ni la libertad perdurará; y ahora recuerdo a monseñor De Andrea.
La premisa debe ser: Ni libertad sin pan ni pan sin libertad,
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