COLUMNA Nº 14 del 1º de agosto de 2009 por FM Sonix - Radio Rivadavia

Programa “Puerta abierta al arte”/ Lía Accetta  

FM 101.9 SONIX / Radio Rivadavia

Columna Nº 14 del escritor Norberto Federico Fernández Lauretta

El martes pasado recibimos un correo electrónico desde Cremona, al norte de Italia, a 80 Kms. de Milano, donde vive Azucena Carena… ¿La recuerdan? Una argentina radicada en una ciudad europea de 80.000 habitantes, donde parece vivir el arte y fue cuna de Stradivarius.

Ya nos escribió Azucena anteriormente y es para mí reconfortante saber que encuentra muy interesante mi columna en el programa de Lía Accetta, donde fusiono lo cultural-literario con la opinión ciudadana; y la espera, siguiéndonos semanalmente en la mañana del sábado por Sonix - Radio Rivadavia.

 

Hoy nos saluda y, entre otras cosas agradables a nuestros oídos (como ser que  participará de nuestra Escuela de Narrativa y Guión de Cine/ SADE), destaca la anécdota narrada en mi columna anterior, sobre las últimas palabras del Rey David a su hijo Salomón: “¡Anímate, esfuérzate y hazlo!”

 

Concluye disculpándose si peca por irrespetuosa [no lo hace] y sin querer ser malinterpretada [no lo es], me invita a leer en la Biblia a Daniel (Capítulo 2 Versículo 44) y  el Capítulo 3 Versículo 2 de Corintios, donde realmente nos anticipan como está todo ahora en nuestro bendito mundo.

 

Seguiré la sugerencia de nuestra amable seguidora, y traeré al tiempo moderno tales augurios y sus porqués, en una futura columna y para otro tratamiento.

(Breve cortina musical)

Nuestro buzón ha estado muy prolífico. Recibimos tres correos electrónicos, de Villa de Merlo, de Naschel y de San Luis. No considero leerlos porque corresponden a temas ya tratados, pero los respondí conceptualmente, agradeciendo por igual vía; pero hubo uno, además del de Azucena Carena, que nos llegó desde la ciudad de Cali, en el valle del Cauca, de la escritora Ethel Saavedra García, la flamante corresponsal de la Sociedad Argentina de Escritores – S.A.D.E. Provincia de San Luis en Colombia. Nos dice así:

Aceptando el honor que me hacen y ya para participar con un trabajo de corresponsalía, les envío un texto recién compuesto sobre el tema de los desplazados en Colombia.

 

En marzo del año pasado, ver la película "La primera noche", del cineasta colombiano Luis Alberto Restrepo, fue el tiro al blanco para componer textos sobre el tema. En esa ocasión escribí uno y luego produje otro, que gentilmente me solicitaron dos niñas colombianas para ingresar al blog: http://www.ddesplazados.blogspot.com/

Lo comienzo con un epígrafe: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”, y es el Artículo 3º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

Me referiré a una de las miserias humanas más terribles como es el desplazamiento de seres; aquellos que con las manos en la tierra han logrado germinar frutos para todos los demás, incluyéndome a mí.

Aún no he salido de mi hogar con el miedo pegado a mis espaldas, no he abandonado todo en un instante, mientras una bala intenta sorprenderme el cuello…

Esta realidad no es la mía. He oído hablar de desplazados, pero no he vivido minuto a minuto, como ellos, las sombras de la muerte.

Sé que hay mujeres, hombres y niños corriendo por la selva, que se dirigen a un futuro incierto. Van sin rumbo, el miedo hace palpitar sus corazones de manera más fuerte, la respiración no les alcanza y el sudor empapa su cara. Cuentan con tan poco tiempo, porque esa huída es sinónimo de garantía para seguir viviendo. En sus ojos se refleja el miedo, en los míos el sueño llega y mi cara sonríe plácidamente sobre la almohada.  Esos destinos impredecibles para ellos yo los desconozco, estoy segura y duermo tranquila; sus pies corren y no tienen tiempo ni siquiera para resbalarse, porque a lo lejos alguien los sigue para arrancarles la vida.

Ese acto de coraje de ellos no me acerca a mí a la muerte. Y cuando me levanto a veces me quejo de nimiedades, ignorando que una mujer llega a una ciudad desconocida y su hombre, como una esfinge no sabe qué hacer; ella resuelve vender su cuerpo a cualquiera por unos centavos, para darle de comer a sus hijos. Niños que no podían preguntar nada, las preguntas se silenciaron mientras sus padres huían.

Mi vida está construida, pero ignoro cómo construirán ellos de nuevo las suyas. Sus recuerdos no tocan los míos.

Por sus cabezas ronda la pérdida de su tierra. Muchas lágrimas rodarán por sus mejillas, cada vez que recuerden imágenes de sus familias inocentes, asesinadas o abandonadas en la selva…

Por mi cabeza se pasea la invitación a la próxima reunión, donde celebraremos en familia cualquier acontecimiento.

Ante esta duplicidad de pensamientos sólo puedo decir: ¡Cómo soy de afortunada! Pensar que en mi país, Colombia, hay tres millones de desplazados, pero mi nombre no está en su lista.

Ethel Saavedra García

(Breve espacio musical)

Esta candente realidad que nos cuenta mi colega colombiana, me recuerda los versos de “Epílogo”, la poesía de Luis Ressia que dice: “Silencio. Silencio; detrás de la piedra, Dios llora arrepentido por habernos creado”.

 

Todo esto debe hacernos apreciar cuanto tenemos, y desde allí mirar hacia delante. Agradecer a Dios y trabajar, y hacer trabajar por mejorar “nuestra” realidad de ser pueblo argentino a quienes nos representan en la función pública. Palabra y acción, esa es la premisa.

 

Ello no significa evitar la reflexión ciudadana, que surge del pensamiento mismo; y sabido es que muchas veces nuestra vida –una sola vida– no nos es suficiente para adquirir el conocimiento necesario para vivir plenos y hacer mejor la existencia de los demás, si lo merecen. Creo que esta es nuestra misión.

 

Por ello me muevo en la cultura y en ella en el arte y en él en lo literario y ahí, recién ahí se abre para mí un panorama mayor, y es el encuentro con los libros. Mis lecturas me llevan siempre a la reflexión y así sopeso cada una. Las comparo con una comida. Las pruebo y las dejo, o las paladeo y las disfruto.

Ocupan mi tiempo y lo hacen tirano para todo cuanto no guarde su armonía con ellas.

Así aprendí que el escritor, el artista (cualquiera sea su disciplina) consagrado (y no me refiero a su fama sino a su dedicación absoluta) ve la realidad como una duda que no cesa, y hace de su vida una utopía vitalicia.

(Breve cortina musical)

El arte es lógica, física y metafísica, y es una cosa espiritual. Es lo más grande que conmueve al hombre. Es como las olas del océano. Uno no puede recortar la ola perfecta y apropiarse de ella. Está siempre en movimiento; y el arte, como el movimiento, es parte de la raza humana.

Esto que digo no es abstracto. Es también una realidad. Lo irreal es toda esa gente que vive en un mundo de ostentación, llegando a parecerse a sus elevados cargos públicos o negocios, olvidados de su ayer y con poco valor espiritual, que se rasgan las vestiduras hablando de las necesidades del pobre, las que desconocen cuando logran su objetivo; llenándose los bolsillos, esclavizándose por ese último peso y jugando a la competencia y a ver quién tiene más. Se están perdiendo el sentido de la vida en grandes escenas de egolatría.

Pero el arte lo explica todo mejor.  Lo vemos en un cuadro, en la poesía, en la música: la gente se hipnotiza hasta retroceder a su esencia, que es positiva, pura; como en la niñez (la niñez de mi generación), cuando nos sentíamos naturalmente eufóricos, en las alturas; y en ese debilísimo punto predicaban nuestra formación.

(Breve cortina musical)

Se necesita la liberación del espíritu. Sentir que fluye como el ascenso de la marea, nos eleva hacia un mundo diáfano y contacta con otras almas. Cuando estamos en esas alturas vemos con más claridad, no pensamos en el dolor ni en herir al prójimo.

No tengo forma de saber cuantas vidas pasará mi espíritu. Cuantas veces morirá en mi cuerpo y renacerá. Pero sé que el arte gravita en él con mayor fuerza que ninguna otra sensación.

Así aprendí a librarme de una indignación, de una pena, usando un lápiz y un papel. Lo supieron también, para mí, desde Jonathan Swift o Emilio Salgari hasta Marcial Lafuente Estefanía o Héctor Oesterheld; desde la Editorial Tor o la Acme Agency hasta la Editorial Bruguera o la Editorial Columba, que todos ellos me lanzaron a temprana edad a mi carrera literaria.

(Breve cortina musical)

Continúo y cierro con un fragmento de mi autoría, tomado de mi libro “La condición de un escritor y otros asuntos literarios”:

El arte me dio una compensación en la vida. La descubrí y comencé a ponerla en práctica: cuando tengo algo en el alma, así sea la preocupación por un familiar querido, amores contrariados, amor propio herido, rabia incontrolable por la traición de alguien a quien creía leal, en fin, cualquier emoción fuerte o duda, me basta con escribirlo, utilizándolo como tema verosímil de una ficción o adorno de un escrito, para, si no olvidarlo, sobrevivirlo, como sobreviví ya a muchas cosas. Me siento así un hombre libre.

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Norberto Federico Fernández Lauretta
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