Chile: Punto de Quiebre y otros Relatos
Editorial Platero, 158 páginas, 1000 ejemplares.
Chile, 2001.
Autora: Loreto Silva.
Opiniones de "Chile: Punto de Quiebre y otros Relatos"
Opinión de don Francisco Coloane.
Me recuerdo siempre de aquella frase de Anton Chejov que dijo en cierta ocasión: Denme el principio y el fin de la historia y yo les escribo el cuento.
Esta nota para Loreto Silva, la estoy dictando un poco a ciegas. Y no se trata de una metáfora, porque he escuchado una grabación con su voz cálida, armoniosa cuya música son los relatos de “Punto de Quiebre”. Me he sorprendido por la facilidad de Loreto de contar sus historias tan reales a veces, pero con una gran magia y espontaneidad que nos hace decir que estamos frente a una magnífica escritora.
Quiero señalar algunos de los relatos que me entusiasmaron en este “Punto de Quiebre” cuyo titulo ya nos denota la suspicacia de Loreto.
Me encandilé con “El Guardián del Futuro”, fantasía educativa con visos de ciencia y ficción para todo lector. Otro,”Viaje a mi Infancia”. Francamente una vuelta a nuestro pasado con esos trenes de los FF.CC. del Estado que creo que muchos añoramos.
Como dice Loreto”Cuando miraban hacia fuera veían pasar los postes con una velocidad sorprendente, junto con el vaivén y los barquinazos…” Y a pesar de su rutina horaria era entretenido bajarse en alguna estación para comprar algunas tortillas a esas simpáticas y aveces gordas vendedoras que lucían sus flamantes delantales y su típica gorra alba. Siento el relato como un homenaje a la nostalgia de los trenes.
Y yo me adhiero a él como a la autora de esta inquietante pluma.
Francisco Coloane
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Opinión de Elizabeth Subercaseaux
…hace sólo unos días que me encontré con tu libro en mi casa en Philadelphia. Lo he leído con mucho gusto y me ha encantado. Creo que tienes un inmenso talento para contar estas historias simples y emotivas que son por lo demás, las historias más difíciles de contar bien. Me gustó mucho el tono sin pretensiones del escrito, la voz suave y conmovedora que empleas para hacer estos recuerdos…
…Me gustó, sobre todos el cuento de “El Cuentacuentos”. Es bellísima esa historia de Ankai Te y es muy linda la manera en que fusionas el recuerdo del abuelo con la historia que contó. Te felicito de todo corazón por tu libro…
Un abrazo.
Elizabeth Subercaseaux
Opinión publicada por Elizabeth Subercaseaux en revista “Vanidades Continental” de fecha 23 de octubre de 2001.
“Chile:Punto de Quiebre y otros Relatos”
Esta serie de cuentos simples y muy emotivos sorprende por la facilidad con que Loreto Silva —este es su primer libro— escribe estas historias llenas de sencillez y magia. Leer sus cuentos es como estar frente a una Scherazade chilena que los va contando, con toda naturalidad, sin artificios en el lenguaje ni la estructura. Como si esos episodios —que la autora saca, seguramente, de su propia experiencia— estuviesen ocurriendo de nuevo, aquí y ahora. Un viaje en uno de esos trenes que muchos de nosotros hemos conocido a lo largo de nuestra vida en Chile; una joven que asiste a una reunión que le aburre, porque siempre es lo mismo, y mientras sus colegas discuten sus proyectos y negocios, ella conversa con un cuadro. Una familia que recuerda a su abuelo y la historia que él le contó una tarde sobre Ankai te, un pequeño indio, huérfano de padres, que se crió al alero de su tribu y cuya vida estuvo siempre vigilada por un Chercán —un ave profetizadora—, que en una oportunidad le salvó, la vida... Todos los cuentos tienen un sello familiar, íntimo, y están hechos con la voz sabia de las provincias chilenas y con ese material algo onírico que suele encontrarse en los rincones más luminosos de la memoria.
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Opinión de José Miguel Ruiz
Los cuentos de Loreto Silva, en su mayoría, se sitúan en el ámbito familiar. Sucesos ocurridos en el seno de la familia son extraídos de allí y llevados al plano de la literatura, como corresponde en el trabajo de creación artística. Esta es una razón de la humanidad que hay en estas narraciones. Los personajes nos resulta conocidos, sin demasiadas complejidades, sin que éstos se hayan transformado en arquetipos; son simplemente los cotidianos: el abuelo, “El Tata”, que lleva a sus nietos a recorrer los vagones del tren en marcha, provocando una gran alegría en los niños (“Viaje a mi infancia”); la mujer que habla con su esposo y hacen ellos el recuento de lo vivido juntos, buscando una explicación acerca de por qué fallaron las cosas…y el final sorpresivo, arrastrando la sola anécdota al terreno literario (La costumbre de familia).
Es éste, en fin, un libro profundamente humano, escrito con la sencillez de quién pareciera haberse propuesto simplemente narrar historias significativas, por el sólo hecho de que es hermoso contarlas, sólo porque son historias que permanecen en la historia colectiva familiar o en la cordial propia.
Cierto, la literatura es ficción; pero, al mismo tiempo es también la más concreta realidad, la realidad quintaesenciada, sobre todo cuando reconocemos a personajesque se nos parecen: los habitantes más frecuentes de la tierra, de nuestro mundo- ni héroes ni antihéroes-, actuando, como todos los días de la vida entre lo cotidiano y lo poético.
José Miguel Ruiz
Ñuñoa, abril de 2001.
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