Dios estará en todos y cada uno de mis pasos, presente en cada instante de respiración, de lucha, de dolor, de alegría, quiero confiar a él mi vida, mi destino.
Siento que necesito fomentar mi fe, para apartar la soledad de mi alma, como es fácil ser difícil, basta con mostrarnos distantes, ajenos al mundo que compartimos con tantos seres, como es fácil parecer fuerte ante los demás, pero de qué nos sirve aparentar tanta fortaleza, si al estar solos nos desmoronamos como un castillo de arena batido por las olas. Esa es la naturaleza humana, siempre tratando de demostrar algo a los demás, pareciendo que no nos pasa nada y que los problemas de otros no los tenemos, porque hemos sabido vivir nuestra vida a la perfección, pero esa es la gran mentira que inventamos en nuestro entorno, es la mentira por la que nos levantamos cada mañana a trabajar, para hacer lo que parece correcto, esa es la mentira que nos creemos nosotros mismos, porque la verdad es que si tenemos los problemas de otros, y si tenemos debilidades, como todos, pero nunca queremos parecer frágiles a los ojos ajenos, y dejamos que nuestra vida pase sin sentir el calor de un abrazo conciliador, de ese abrazo sincero que todos necesitamos, de esos besos que nos quitan la sed de nostalgia. Dejamos que la vida pase sin percatarnos de que está pasando, y de que cada instante es irrepetible y diferente al anterior, y que esa vida tiene, como todo, un fin, si no aprovechamos la cuota que nos ha sido obsequiada, no somos dignos de este milagro.
