¿Cómo escribir cuentos?

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I

¿Cómo escribir cuentos?


Aquí se transcriben las experiencias y consejos más autorizados del mundo literario, para nosotros que debemos seguir  perfeccionando nuestra técnica de escribir aprendiendo a aprender con realismo y constancia.

                                           Con afecto

                                           JACO






EL ARTE DEL CUENTO
Mary Flannery O´connor
Siempre he oído decir que el cuento es uno de los géneros literarios más difíciles; y siempre he tratado de descubrir por qué la gente tiene tal impresión respecto de lo que considero una de las formas más naturales y básicas de la expresión humana.           
Aún me inclino a pensar que la mayor parte de la gente posee una cierta capacidad innata para contar historias; capacidad que suele perderse, sin embargo, en el camino. Por supuesto, la capacidad de crear vida con palabras es esencialmente un don. Si uno lo posee desde el inicio, podrá desarrollarlo; pero si uno carece de él, mejor será que se dedique a otra cosa.
       
No obstante, he podido advertir que son las personas que carecen de tal don, las que, con mayor frecuencia, parecen poseídas por el demonio de escribir cuentos. Estoy segura que son ellas quienes escriben los libros y los artículos sobre "como se escribe un cuento".
           
Un cuento es una acción dramática completa, y en los buenos cuentos los personajes se muestran por medio de la acción, y la acción es controlada por medio de los personajes. Y como consecuencia de toda la experiencia presentada al lector se deriva el significado de la historia. Por mi parte prefiero decir que un cuento es un acontecimiento dramático que implica a una persona, en tanto comparte con nosotros una condición humana general, y en tanto se halla en una situación muy específica. Un cuento compromete, de un modo dramático, el misterio de la personalidad humana.
        Para el escritor de ficciones, en el ojo se encuentra la vara con que ha de medirse cada cosa; y el ojo es un órgano que además de abarcar cuanto se puede ver del mundo, compromete con frecuencia nuestra personalidad entera. Involucra, por ejemplo, nuestra facultad de juzgar. Juzgar es un acto que tiene su origen en el acto de ver. En la escritura de ficción, salvo en muy contadas ocasiones, el trabajo no consiste en decir cosas, sino en mostrarlas.

            Un buen cuento no puede ser reducido, sólo puede ser expandido. Un cuento es bueno cuando ustedes pueden seguir viendo más y más cosas en él, y cuando, pese a todo, sigue escapándose de uno.

            En la mayoría de los buenos cuentos es la personalidad del personaje lo que crea la acción de la historia. En la mayoría de esos cuentos, siento que el escritor ha pensado en una acción y luego seleccionado un personaje para que la lleve a cabo. Usualmente, existen más probabilidades de llegar a un buen fin si se comienza de otra manera. Si se parte de un personaje real estamos en camino de que algo pase antes de empezar a escribir, no se necesita saber qué. En verdad, puede ser mejor que uno ignore lo que sucederá. Cada uno debe ser capaz de descubrir algo en el cuento que escriba.






 

ACERCA DE CÓMO NACEN LAS HISTORIAS
Varios autores
García Márquez explica así cuál fue el punto de partida de algunos de sus relatos cortos:

   
Una imagen visual. En otros escritores, creo, un libro nace de una idea, de un concepto. Yo siempre parto de una imagen. La siesta del martes, que considero mi mejor cuento, surgió de la visión de una mujer y una niña vestidas de negro y con un paraguas negro, caminando bajo un sol ardiente en un pueblo desierto. La hojarasca  es un viejo que lleva a su nieto a un entierro. El punto de partida de El coronel no tiene quién le escriba es la imagen de un hombre esperando una lancha en el mercado de Barranquilla. La esperaba con una especie de silenciosa zozobra. Años después yo me encontré en Paris esperando una carta, quizás un giro, con la misma angustia, y me identifiqué con el recuerdo de aquel hombre.



 

Basándose en un recuerdo de su infancia, Toni Morrison elaboró The Bluest Eye.

    Comencé a escribir ese libro como un  cuento corto basado en una conversación que tuve con una amiga cuando era pequeña. Hablábamos sobre la existencia de Dios; ella decía que no existía y yo decía que sí. Ella me explicó por qué no: había rezado cada noche durante dos años para tener ojos azules y no los tuvo, así que Él  no existía. Recuerdo que la miré, la imaginé con ojos azules y pensé que seria espantoso que respondieran a esa plegaria. Ella me parecía hermosa. Comencé a escribir sobre la niña que quería los ojos azules y el horror de que se cumpliera ese deseo; también sobre toda la cuestión de la belleza física, y el dolor de ese anhelo de ser otra persona, que pese a ser devastador, formaba parte de todas las mujeres que eran periféricas en las vidas de otros.



 

    La casa de los espíritus, de Isabel Allende, también fue escrita para salvar del olvido una parte de su pasado:
    En enero de 1981 desperté una mañana con una idea extravagante. Pensé que si ponía por escrito lo que deseaba rescatar del olvido, podría reconstruir el mundo perdido, resucitar a los muertos, reunir a los dispersos, aprisionar para siempre los recuerdos y hacerlos míos. Ya nadie me los podría quitar. Compré papel y me senté a contar una historia. cuando coloqué la  primera hoja en la máquina, no sabia cómo realizar la tarea, pero sabia lo que debía escribir.(...) Deseaba hablar del sufrimiento de mi pueblo y de otros pueblos de ese atormentado continente, para que la verdad tocara el corazón de mis lectores.

    A veces, una idea se desarrolla partiendo de una sola palabra, este es el caso de El Zahir, inolvidable relato de Jorge Luis Borges:
    El Zahir versa sobre...una inolvidable moneda de veinte céntimos )...) Escribí aquello partiendo de la palabra "inolvidable", simplemente, porque leí en alguna parte: "Deberías oír cantar a fulano de tal, es algo inolvidable". Y entonces pensé, ¿qué ocurriría si existiese algo realmente inolvidable? (...) Y me dije: muy bien, supongamos que haya algo inolvidable de verdad, algo que no se pueda olvidar ni tan siquiera una décima de segundo. Y así, a continuación me inventé la historia. Pero salió por entero de la palabra "inolvidable".

    Otras veces la historia nace del desarrollo de una frase. después de leer un ensayo de Flannery O'Connor, donde se hablaba de la escritura como descubrimiento, Raymond Carver decidió adoptar ese sistema: escribir un relato partiendo de una frase. así cuenta su primera experiencia:
   (...) Al fin tomé asiento y me puse a escribir una historia muy bonita, de la que su primera frase me dio la pauta a seguir. durante días y más días pensé mucho en esa frase: "Él pasaba la aspiradora cuando sonó el teléfono". Sabía que la historia estaba allí, que de esas palabras brotaba su esencia. Sentí hasta los huesos que a partir de ese comienzo podría crecer, hacerse cuento, si le dedicaba el tiempo necesario. Después de la primera frase, de esa primera frase escrita de buena mañana, brotaron otra s frases para para complementarla. Puedo decir que hice el relato como si escribiese un poema: una línea; y otra debajo; y otra más. Maravillosamente pronto vi la historia y supe que era mía, la única por la que había esperado ponerme a escribir.

    En muchas ocasiones, las historias llegan por casualidad, como si llamasen a una puerta equivocada. Es un asunto ajeno al escritor lo que provoca el germen de la historia. Para Paul Aster el tema del azar es una de las constantes de su obra, precisamente porque el azar ha sido uno de los motores más importantes de su vida. El azar fue lo que le dio la idea para su novela La ciudad de cristal:
    Un año después de la ruptura de mi primer matrimonio, me mudé a un apartamento en Brooklyn. Fue a comienzos de 1980 y yo estaba trabajando en El libro de la memoria (...) Un día, un par de meses después de mudarme, sonó el teléfono y del otro lado de la línea alguien me preguntó si hablaba con la agencia Pinkerton. Le dije que no, que se había equivocado y colgué el auricular. Seguramente habría olvidado ese incidente, de no ser porque al día siguiente llamó otra persona y me hizo la misma pregunta: "¿Hablo con la agencia Pinkerton?" Otra vez dije que no, le expliqué que se había equivocado de número y colgué. Pero un instante después comencé a preguntarme qué habría ocurrido si hubiera dicho que sí ¡Habría podido hacerme pasar por agente de la Pinkerton? Y en caso afirmativo, ¿hasta donde habría podido llevar el engaño?
    La idea del libro surgió de esas llamadas telefónicas, pero pasó más de un año hasta que empecé a escribirlo.


    ¿Cuál fue el origen de Lolita?, le preguntó un periodista a Vladimir Nabokov, y ésta fue la respuesta:
   Nació hace mucho tiempo, debe haber sido en 1939, en París; el primer latido de Lolita m atravesó en 1939 o quizá a principios de 1940, en momentos en que me hallaba postrado por un feroz ataque de neuralgia intercostal, que es una enfermedad muy dolorosa...algo así como una punzada fabulosa del costado de Adán.
    Según recuerdo, el primer estremecimiento de inspiración en cierto modo lo provocó de manera un tanto misteriosa un relato de un periódico, creo que del Paris-Soir, acerca de un mono del zoológico de París, al cual, después de diez meses de haber sido adiestrado con halagos por los científicos, produjo el primer dibujo al carbón trazado por un animal, y ese esbozo, reproducido por el periódico, mostraba los barrotes de la jaula de la pobre criatura.







De esta forma nos advierte Joseph Conrad:
            A ningún artista podrá reprochársele que se encoja ante un riesgo que solamente los imbéciles corren a afrontar y que solamente los genios abordan con impunidad.  En un empeño que principalmente estriba en despojar la propia alma más o menos de toda vestimenta a ojos del mundo entero, un cierto respeto por la decencia, aun cuando implique el costo del éxito, no es más que el respeto por la propia dignidad, inseparablemente unida a la dignidad de la propia obra.

            No menos se «peleó» James Joyce con su Ulises. Durante los años que necesitó para terminarlo sus dificultades económicas llegaron a ser dramáticas.  El libro, además, le exigió hasta su última gota de energía.
            Sigue ahora un ejemplo de lo vacío que estoy.  Hace varios años que no he leído una obra literaria.  Mi cabeza está llena de piedras y porquerías y cerillas rotas y montones de cristales recogidos por «todas partes».  La tarea que me impongo al escribir un libro desde dieciocho puntos de vista diferentes y con otros tantos estilos aparentemente desconocidos o sin descubrir todavía por mis colegas; eso y la naturaleza de la leyenda elegida, bastaría para desequilibrar la mente de cualquiera.

            Steinbeck nos habla dc, lo absurda que parece, mirada fríamente, la actividad literaria.
            En el mejor de los casos la literatura es una actividad tonta.  Hay cierto ridículo en escribir un cuadro de la vida.  Y alimentando la broma: uno tiene que retirarse de la vida durante un tiempo para escribir ese cuadro.  Y tercero, uno debe distorsionar su propia manera de vivir a fin de despertar en sí, de alguna manera, lo normal de otras vidas.  Una vez recorrido todo este absurdo, lo que emerge de él quizá sólo sea el más pálido de los reflejos. ¡Es una cuestión jodida!  La montaña trabaja, puja, se esfuerza, y surge el más pequeño de los roedores.  Y la mayor estupidez de todas reside en el hecho de hacer todo eso; el escritor debe creer que lo que está haciendo es la cosa más importante del mundo.  Y debe mantener esa ilusión aunque sepa que no es verdadera.  Si no lo hace no tiene ni siquiera el valor que, de otra forma podría haber tenido.  

            Después de escribir sus novelas más famosas, Dashiell Hammett se sintió incapaz de volver a escribir algo bueno.  Durante muchos años luchó entre sus ganas de escribir y la angustia que le provocaba ponerse frente al folio en blanco y sentir que había perdido su talento.  La lucha solía terminar en borrachera. Este fragmento está sacado de una carta que dirigió a su hija, Jane Mary Hammett:
            Tengo un montón de problemas con el libro, pero son del tipo de problemas que supongo que tengo que padecer -lo que quiero decir con esto es que me está costando un gran esfuerzo hacerlo todo lo bien que desearía y del modo que yo quiero-, así que pienso que no hay nada que hacer, salvo seguir poniendo mala cara, maldecir, escribir y suprimir, y volver a escribir, y no suprimir, y pensar que tengo que trabajar más duro, y buscar enfurruñadas razones para no trabajar, y pensar que va a resultar mejor de lo que va a ser, y pensar por un instante que mañana o cualquier otro día estaré mejor, y al instante siguiente darse cuenta de que tenía que haberío escrito hace diez años, cuando tenía más material... estupendas, tontas y agudas tonterías mías, que me figuro ayudan a pasar el rato mientras la novela se va haciendo -un poco mejor o peor de lo que debería ser- en alguna medida, en algún momento.



Para Torrente Ballester la musa no es, desde luego, esa antigua diosa vestida con velos, su explicación es bastante más prosaica:  
            (... ) no creo que haya un ángel que venga a sembrarle a uno una idea, ni ninguna musa que le cante a uno al oído.  Es más bien un problema psicológico que está poco estudiado, pero que me interesa bastante.  Hay un . estímulo interno o externo que de pronto pone en juego todo un sistema de imágenes.  Estas imágenes están dentro del creador organizadas, y el estímulo las despierta.  Esto puede suceder de dos maneras: a menor escala, sucede cuando surge un detalle de algo que se está escribiendo y que ya está consolidado en un conjunto significativo.  A mayor escala puede tratarse de una visión global del conjunto: de pronto uno puede ver una obra completa y lo que le falta son los detalles.  Siempre es un estímulo externo o interno, absolutamente imprevisible, el que pone en juego los sistemas de imágenes y éste estímulo es lo que llaman inspiración.

            Para García Márquez, la inspiración llega después de una dura batalla:
            (La inspiración) Es una palabra desprestigiada por los románticos.  Yo no la concibo como un estado de gracia ni como un soplo divino, sino como una reconciliación con el tema a fuerza de tenacidad y dominio.  Cuando se quiere escribir algo, se establece una especie de tensión recíproca entre uno y el tema, de modo que uno atiza al tema y el tema lo atiza a uno.  Hay un momento en que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado, y, entonces, no hay en la vida nada mejor que escribir.  Esto es lo que yo llamaría inspiración.

            ¿Cómo no creer en la inspiración? -se pregunta Bioy Casares-.  Si pensamos en nuestros libros descubriremos inmediatamente que unos son frutos de la inspiración y otros del hábito.  Lo que digo de los libros puede aplicarse también a la vida.

            Que la musa te pille trabajando, parece ser el mensaje de .Jorge Luis Borges:
            (... ) uno tiene que ejercer el hábito de escribir para ser digno de esa visita ocasional o eventual de la musa, porque si una persona no escribe nunca, y se siente inspirada, puede ser indigna de su inspiración o puede no saber cumplir con ella. Pero si todos los días escribe, si está continuamente versificando, eso ya le da el hábito de versificar, y puede versificar lo que no sólo es versificación, sino poesía genuina.

            Podría ser que esta pequeña niña visitase a Kafka para aliviarle del  insomnio en las noches invernales de Praga:
             Me gustaría poder explicar esa sensación de felicidad que me invade de tiempo en tiempo, como ocurre en estos momentos.  Se trata de algo efervescente que me llena por entero con un suave y agradable cosquilleo, y que me persuade de que tengo capacidades, de cuya inexistencia puedo convencerme en cualquier instante y con toda seguridad, incluso ahora.








Para Kafka, que en Praga vivía con su. familia, la soledad era difícil de conseguir y al mismo tiempo imprescindible.  Por eso, las noches eran su momento preferido para escribir.  En una carta a Felice comenta:
            Para poder escribir tengo necesidad de aislamiento, pero no «como un ermitaño», cosa que no sería suficiente, sino como un muerto.  El escribir en este sentido es un sueño más profundo, o sea, la muerte, y así como a un muerto no se le podrá sacar de su tumba, a mí tampoco se me podrá arrancar de mi mesa por la noche.  Esto no tiene que ver directamente con la relación con los hombres, pero es que sólo soy capaz de escribir de esta forma sistemática, coherente y severa, y por lo tanto, sólo puedo vivir así.

            Susan Sontag recuerda al escritor de La metamorfosis cuando habla de su necesidad de soledad para buscar «la propia voz»:
            Kafka imaginaba un taller en el sótano de un edificio, donde dos veces al día alguien pusiera algo de comer en la puerta. Él decía: «Para escribir nunca se está suficientemente solo».  Pienso en escribir como en estar en un globo, en una nave espacial, en un submarino, en un armario.  Es ir a algún sitio donde no hay nadie a concentrarse, a oír la propia voz de uno.

            Solamente aislándose por completo -dice Oscar Wilde- se puede trabajar.  La ociosidad te proporciona la disposición para escribir y la soledad, las condiciones.  La concentración en ti mismo te devuelve al nuevo y maravilloso mundo que surge en el color y la cadencia de las palabras en movimiento.

            Paul Auster escribió tras la muerte de su padre La invención de la soledad, una de las reflexiones más lúcidas sobre la capacidad y la necesidad que tiene el escritor de estar solo:
            (... ) Creo que lo asombroso es que cuando uno está más solo, cuando penetra verdaderamente en un estado de soledad, es cuando deja de estar solo, cuando comienza a sentir su vínculo con los demás. (... )

            Creo, en realidad, que en el trabajo literario uno siempre está solo -dice García Márquez-.  Como un naufrago en medio del mar.  Sí, es el oficio más solitario del mundo.  Nadie puede ayudarle a uno a escribir lo que está escribiendo.

 



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Escrito por: guadalupe40       07/12/07 01:10
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Lo mejor sería no decir, tomar de la mano a nuestra soledad y deambular por los caminos de la inspiración, si logramos hallarla; gracias mil
Guadalupe de Santa Fe capital
Escrito por: lidianakasone       06/12/07 02:18
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Ummm muy interesante...
gracias por tan importansimo aporte
gracias por compartirlo!
besitos
Escrito por: revasquez       05/12/07 15:02
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Maravillosa su puesta en este medio, a mi me agrado mucho... Gracias por ello.

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Atte., Vásquez Traviezo.
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JACO Cotillo
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