¡ Yace mi niño en la tumba y no estoy a su lado ! Oye de nuevo la amada voz del difunto en boca del bebé que ahora tiene en sus brazos: "Soy yo, ¡pero no lo digas!", susurra mirándola a los ojos. Víctor Hugo. Espérame: llegaré. Renacido en el pistilo de una flor que se niega a ser fruto encarnado en el suspiro del viento que acaricia tu rostro y susurra al oído mi nombre. Llegaré a ti. Surcando las aguas del Aqueronte anclaré a tu lado sólo para reposar en tus labios un beso portado por otros labios y otra piel. Llegaré. Y el inframundo no detendrá mis pasos Seré yo sin ser el mismo que amaste un día pero siéndolo. Porque nada me detendrá ni la muerte siquiera, ella sólo será un escalón en ese inmenso caracol ascendente de la eternidad (el que perpetuará nuestra convivencia inmortal) Espérame: llegaré. En cada célula nueva y joven que habite a tu lado Búscame y me hallaras resucitado junto a ti.