y yo?...

El aire se disuelve en la calle angosta; comprimido por bultos y figuras descalzas, inhalado, expulsado…
Partículas minúsculas se desprenden del suelo y rayos luminosos las delatan mientras se dispersan por entre los cuerpos bañados por el rocío de un lamento escondido bajo una risita muda.
-
 Dejándonos frente a nosotros mismos como si nos miráramos continuamente al espejo,
El otro desaparecía indiferente. Todos los movimientos se iban anticipando, se programaban para la mirada siguiente.
El receptor era solo una copia de nosotros mismos y la sensibilidad que antes aparecía de intermediario, se esfumaba en esa experiencia frívola y virtual que acontecía durante al desvanecimiento del otro y que nos dejaba condenados a nuestra imagen.
Aquel ente ya no nos miraba,  y simulabamos ver al otro en nosotros llevados por el vacío y la reproducción en masa.

 

Entonces, ¿Dónde quedo yo?

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