


| Escritor: | Tandil |
| Públicado: | 27/11/2007 |
Por que a mi, por que a mi? Una vez más Tomas se lo estaba preguntando, aunque sabia que no obtendría respuesta.
El despertador estaba sonando y eran las 7 de la mañana del domingo, bueno de cualquier domingo diría yo, porque desde que Tomas se separo de su esposa, hacia unos tres meses, había vuelto a vivir con sus padres. Y estos le abrieron las puertas de su casa, con la única condición de que todos los domingos fuera a misa con ellos.
Tomas, que ya tenia 47 años, no pudo decirles que no, nunca se había animado a contradecirlos en eso, mejor dicho, en nada.
Su educación fue muy estricta, sus padres habían sido muy severos con el y el, aunque solo en pensamientos, los culpaba de su fracaso matrimonial.
En la primera oportunidad que había tenido para engañar a su mujer, bueno ahora su ex mujer, lo hizo. Y cuando fue descubierto se defendió diciendo que su vida tan castradora lo había inducido a una necesidad de libertad sin control que no le permitían pensar en las consecuencias que le podía acarrear.
Diríamos que no fue algo muy difícil, ya que la despampanante rubia del 3H se le aparecía con grandes escotes y faldas muy cortas a pedirle una tacita de azúcar, justo en el momento en que la señora de la casa estaba trabajando.
Pero volviendo al domingo y a la misa, Tomas no tuvo mas remedio que levantarse y darse una ducha rápida, no podía asistir a la iglesia sin antes haber pasado por el agua, para ir limpiando sus pecados, le recordaba su madre.
Luego de un desayuno liviano y con pocas palabras entre los tres miembros de la familia, partieron.
Caminando los
Eso haría, ese era el día, era como una señal divina, algo lo había iluminado y le había dado las fuerzas necesarias para enfrentarse a sus padres (parece que el domingo tiene ciertos aires milagrosos).
No sabía muy bien como lo haría, pero estaba decidido, y eso era lo que en este momento mas le importaba. Durante todo el sermón se la paso pensando en la forma mas cuidadosa de hacerlo, para no lastimar a sus padres, que ancianos ellos, seguramente estarían tan felices de tenerlo en casa, y sentir que entraba un poco de juventud en la humilde morada.
Al llegar a la casa, Tomas los invito a tomar un te en la sala para poder conversar mas cómodamente. Comenzó agradeciéndoles que lo hayan acogido nuevamente ahí, pero que el no se sentía cómodo, que ya no era un niño y que necesitaba su espacio e independencia. Y que por lo tanto el lunes a primera hora comenzaría a buscar un piso para vivir solo.
Los padres no dijeron nada, simplemente asintieron con la cabeza en un gesto aprobatorio de la decisión tomada.
Satisfecho con su valentía, Tomas, se marcho a su cuarto a descansar hasta la hora del almuerzo.
Cuando los padres se quedaron solos, se miraron, sonrieron y la mujer le dijo:
- Viste que tenía razón! Si lo obligábamos a ir a misa de 8 todos los domingos, se cansaría fácilmente y se iría en menos de 6 meses, me debes 50$.
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