Y AL PRINCIPIO TODO ERAN TINIEBLAS

Este es el primer capítulo de mi libro "Vicqua". Me gustaría que opinárais.

 

-¿Q
ué es esto? ¿Dónde estoy? -Preguntó en voz alta, mirando al frente.
No obtuvo respuesta. El lugar era extraño, vacío, sin vida. Ella no sabía dónde estaba, ni cómo había llegado hasta allí. Tampoco recordaba de dónde venía. Sólo sabía que estaba, que existía.
Giró la cabeza para echar un vistazo a su alrededor. Aquel sitio era inhóspito y semejante a un desierto, con la diferencia de que la luz del sol parecía haber huido de allí, quedando en su lugar un cielo oscuro. El paisaje era volcánico, rocoso, negruzco. Había algunos árboles ajados, secos, con las ramas desnudas. Todas las apariencias indicaban que aquel era el lugar de la muerte, incluso la luz gris mortecina que, probablemente, salía de algún punto en el centro de aquella extraña tierra.
        La joven intentó moverse, andar un poco para dirigirse hacia la luz. No pudo despegar los pies del suelo. Miró hacia abajo y vio cómo sus piernas estaban enterradas entre las rocas. Empezó a sentir un cierto temor, pues estaba sola, confusa e inmóvil. Escuchó un ruido, como de un desprendimiento.
-¿Hay alguien ahí? -Gritó con todas sus fuerzas.
Sus palabras resonaron en el lugar con un eco atronador. Poco a poco se fueron perdiendo en el vacío, después, el silencio fue su respuesta. Comenzó a sacudirse, a intentar sacar sus pies del suelo; empleó cada músculo para conseguir moverse del sitio, pero fue en vano. Entonces su temor se convirtió en miedo, luego en pánico y por último, en desesperación. Comenzó a llorar desconsoladamente hasta que se rindió. Se encontraba tan agotada que se desmayó, aunque no cayó al suelo; su cabeza se encontraba agachada de medio lado y sus brazos parecían no tener vida, pero su cuerpo se hallaba erguido, tieso, casi como si ella fuera uno más de los árboles que la rodeaban.
        Pasaron horas hasta que volvió en sí, entonces miró al frente y distinguió una extraña forma oscura acercándose desde el horizonte. Debería haber sentido terror, pero el hecho de encontrar a alguien más, fuera lo que fuera, ciertamente le alivió. Conforme se iba acercando el ser, la joven podía ver mejor cómo era. Se asemejaba a una silueta de color negro, con forma humana. Al fin, cuando el sujeto se situó frente a ella, pudo verlo nítidamente. Era un hombre de unos treinta o treinta y cinco años, muy alto, moreno, de tez rojiza y ojos de color gris azulado. Llevaba un traje negro, con camisa y zapatos también oscuros.
-¿Quién eres? -Le preguntó él con gesto de extrañeza.
-No lo sé  -Respondió ella.
-¿Cómo que no lo sabes? -Interrogó él con desconfianza, -tienes que saber quién eres. No se permite a nadie estar aquí.
-No sé quién soy, ni de dónde vengo, ni sé qué sitio es este -musitó ella tristemente.
-Esto es el Yermo, es el lugar a dónde vienen a parar los demonios que han muerto. Normalmente, se los traga aquel haz luminoso del fondo- contestó mientras señalaba hacia la grisácea luz.
-¿De, demonios? -Se asustó la joven -¿Soy yo un demonio? ¿Y tú?
-No sé qué eres tú -aclaró él –pero yo sí soy un demonio, y te ordeno que te vayas. Hazlo, y no sufrirás ningún daño.
-Pero es que no puedo irme, -dijo ella con tono lastimero –estoy atrapada aquí. No puedo moverme, como ves. -Explicó mientras miraba a sus pies enterrados bajo el suelo.
-Yo puedo liberarte, pero has de prometer que te irás inmediatamente.
-Y, ¿cómo se sale de aquí? -Preguntó ella con interés.
-También puedo ayudarte a recordar quién eres y cómo has venido a este lugar. Supongo que así sabrás cómo irte. Sólo has de darme tu permiso para que pueda entrar en contacto con tu mente. Para ello tengo que tocar tu cráneo con mis manos.
-¿Me dolerá?
-No -dijo él convincentemente.
-Está bien, puedes acercarte, pero si me matas o algo, te quedarás con las ganas de saber quién soy. -Habló ella rápidamente, mientras él se acercaba con lentitud –porque seguro que tienes tanta curiosidad como yo, y, desde lue... -
-¡Cierra los ojos y calla! -Interrumpió él con tono severo.
La chica hizo caso al demonio, bajando sus párpados despacio al tiempo que apretaba los labios. Entonces fue cuando él se fijó en el aspecto de la muchacha. Era una joven delgada, no muy alta, de cabellos largos, ondulados y rubiáceos. Tenía la piel blanquecina y las facciones suaves, excepto sus ojos, que eran grandes y rasgados. Vestía de forma extraña. Creyó que la desconocida llevaba las ropas rotas, pues su camiseta parecía haber sido rasgada desde la cintura hasta el pecho y los pantalones estaban llenos de agujeros por las rodillas y de jirones por las caderas.
        Él dejó de mirarla. Posó sus manos sobre la cabeza de ella. Unas chispas violáceas salieron de sus palmas, desvaneciéndose en pocos segundos. Entonces el demonio se retiró, volviendo a situarse frente a la joven. Ella abrió los ojos enérgicamente, clavando su vista en él, que se quedó impresionado tanto por la dureza de su mirada, como por el color dorado de los ojos de la chica.
        Ahora ella lo recordaba todo. Sabía cuánto debía saber acerca de sí misma y del demonio.
-Tú eres Corh-El, ¿no? -preguntó con un tono completamente diferente al que había empleado antes. Ahora parecía segura de sí misma. Ya no tenía miedo.
-Sí, pero ¿cómo sabes quién soy? -Dijo él estupefacto.
-No tengo tiempo para explicaciones -contestó ella –tenemos que irnos de aquí.
-¡Ah! ¡Ya sabes cómo salir! -Exclamó él con tono burlón.
-Sí, y tienes que venir conmigo. Venga, vámonos.
La muchacha movió los pies y se liberó del haz de piedras que la atrapaban. Extendió su mano derecha y apareció de inmediato en ella un cayado con el que dio dos golpes en el suelo; inmediatamente cambió su vestimenta por una larga túnica de seda dorada con triángulos y estrellas bordados en hilo verde brillante por toda la tela. En su espalda, llevaba grabadas en plata unas extrañas letras.
-¡Eres un mago! -Exclamó Corh-El, muy asombrado.
-Soy una mujer, imbécil -dijo ella enfadada -querrás decir maga.
-Vaya, ahora envían a las feministas al infierno -murmuró él entre dientes.
        Después de dirigir una mirada de desprecio al demonio, la joven asió entonces el cayado con las dos manos, lo alzó, dijo las palabras Arka-Metra en voz alta y, ante los dos, apareció un vehículo de forma ovalada. Su carrocería era de platino, estando apoyada sobre una base oval de oro puro. Flotaba en el aire y se cubría con una capota hecha enteramente de un material parecido al cristal. Tenía un solo asiento de terciopelo verde oscuro, muy amplio, con capacidad para tres personas. No llevaba palancas, ni volante, ni motor alguno.
-Sube a mí transporte Corh-El -ordenó.
-¿Estás loca? No iré contigo a ningún sitio, ningún mago puede ordenarme nada, además, tengo prohibido salir del Yermo.
-Tienes que subir, -insistió ella –hemos de salvar a alguien.
-¿Salvar? Soy un demonio, no tengo interés alguno en salvar a nadie.
-Con interés o sin él, vas a venir conmigo. El Consejo ha dado orden de liberarte para esta misión. Además, si cumples bien tu cometido, te dejarán volver a estar en el mundo de los mortales.
-¿Sabes qué? No te creo. El Consejo nunca encomendaría una misión a un mago cualquiera. No voy a subir a tu nave espacial a menos que me digas quién eres.
-Está bien. –Cedió la muchacha –soy una medio maga, medio bruja, con poderes para viajar en el tiempo. Mi nave no es espacial, sino temporal. Con ella puedo moverme entre los mundos y en el tiempo. En la época de la que vengo, un demonio viaja al pasado y mata a una bruja poderosísima. Mi cometido es evitar este suceso, y para ello te necesito a ti.
Corh-El se quedó pensativo unos segundos. En realidad, desconfiaba de la joven. Sabía que le ofrecía su pasaporte a la libertad, pero no estaba seguro de si era para bien o para mal. Al fin dijo:
-Iré contigo, porque no tengo nada que perder. Si dices la verdad, habré escapado de este maldito lugar; pero si mientes, antes de volver aquí, te mataré. Lo entiendes, ¿verdad?
La muchacha asintió. Entonces los dos subieron al vehículo. Ella se sentó sin mirar al demonio, pues sentía gran desprecio por él. Corh-El, ya acomodado, intentando buscar con sus ojos la mirada de la joven, volvió a hablarle:
-Si vamos a hacer un viaje juntos, debería saber tu nombre por lo menos.
Ella, sonriendo pícaramente, le lanzó una mirada burlona y le dijo:
-Arihadna, me llamo Arihadna Arkán.
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Comentarios:

Escrito por: hades3000       23/07/08 14:58
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me gusto bastante y tambien la manera en que la escribiste, sin duda yo tengo mucho que aprender, me dejo bastante intrigado espero que continue, yo tambien estoy empezando un libro, el poder:luz y oscuridad, pero espero aprender de muchos de los que hay aqui, bueno hasta el siguiente capitulo.
Escrito por: Mistral       16/07/08 17:36
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Me gustan mucho los relatos de magia, así que sobra decir que si, me encanta, además de que tienes un fluido vocabulario y muy buena forma de expresarte.
Es difícil encontrar relatos así, por lo que te felicito. A mi también me gustaría escribir algo así algún día, pero aun me faltan piezas para este...
La verdad es que es intrigante...y el cambio de caracter de Arihadna...
Páginas: 1

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