XINDA IX

         IX

 

 

 

La tranquila vida en la quintana se rompió el día que recibimos el anuncio de que mi padre vendría a casa. Mi madre se mostraba entusiasmada,  cosa que me costó entender. Yo  sentí una gran  preocupación,  suponía que venia por algo y temía ese algo. Mi padre representaba bien poco en mi vida, tenia vagos recuerdos de su imagen, pues le vi. en contadas ocasiones. Mi madre intentaba convencerme de las bondades de su regreso. Ella justificaba  apasionadamente  su larga ausencia dadas sus   altas responsabilidades. Pero dentro de mi había prendido la semilla el rencor que  sembró la abuela. Ella jamás le perdonó que se fuera a Madrid dejando aquí a su familia. Aunque socialmente disculpaba e incluso alababa la labor de su yerno en la corte, en su fuero interior sentía por el un profundo desprecio, que de una manera imperceptible me contagió a mi.
 Era domingo,  de un carruaje bajó un caballero de elevada estatura y  ya de entrada edad, elegantemente vestido. Mi madre le recibió afectuosa  en la entrada de la casa.  Yo ni bajé.

Veía tan contenta a mi madre, que  por mi cabeza rondaba la idea de que  seguía amando a  ese marido que la había dejado sola en Priesles . A los pocos días de llegar  mi padre, durante el almuerzo lanzó a mi madre la propuesta  de que nos fuéramos a vivir a Madrid con él.  Y lo más sorprendente fue que  ella la recibió con gran entusiasmo .Quizás toda su vida había esperado este momento. Calladamente había sufrido las maledicencias que llegaban a sus oídos, sobre la vida licenciosa de su esposo en la capital y es probable que viera en ese viaje la oportunidad de acallar de una vez por todas las murmuraciones existentes.
No tuve mas remedio que aceptar los hechos consumados y preparar el viaje tan ansiado por mi madre. Las cosas en Priesles estaban muy bien organizadas y que faltáramos un tiempo de allí no afectaría para nada la buena marcha de la hacienda Por otro lado, aun a sabiendas de que tras este proyecto probablemente planearan oscuras estrategias de mi padre, no me vendría nada mal alejarme un poco en ese momento de Priesles, cambiar de aires y buscar nuevos acicates a mi vida.
Viajar desde Asturias a Madrid no es empresa fácil. Es un viaje que dura bastantes días, y atravesar la barrera natural que presentan las altas montañas asturianas tiene su dificultad.  Arcadia nos acompañaba y se la veía encantada, iba a la corte, ni en sus sueños más fantásticos hubiera aspirado a eso.
Madrid en aquella época presentaba una frenética actividad en lo referente a las obras públicas. Se construían palacios, iglesias y conventos por doquier bajo el espíritu de engrandecer la villa y corte que había vuelto a recuperar la capitalidad del reino. La ciudad gozaba de un gran apogeo intelectual, artistas de la categoría de Cervantes, Quevedo Góngora, Lope de Vega, Calderón,  Tirso de Molina,
Velázquez,  Alonso Cano, y otros muchos   se agrupaban en torno a la corte de Don Felipe IV, el cual dicho sea de paso pasaba mas tiempo cazando en los montes del Pardo y Aranjuez que en palacio.
Tras la caída de Olivares, el valido, el Rey decidido a llevar personalmente las tareas de Estado, asesorado por un sequito de gentilhombres adiestrados en las finanzas y la política. Uno de ellos era mi padre. Residía en Madrid en un cómodo palacete cercano al Alcázar. No era muy grande, pero  resultaba confortable y apropiado para la familia y allí nos instalamos.
Y como yo  había supuesto, tenia un plan, y en ese plan yo era una pieza importante

 

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Comentarios:

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Escrito por: Osvaldo       09/06/08 18:16
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Continúo
Escrito por: AndresMiranda       08/06/08 20:57
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¡¡¡Tienes que hacer una novela!!!!, bueno, ya la estás haciendo, y fantásticamente bien.
Voy al X.
Un beso
Andrés
Escrito por: sumysel       08/06/08 12:45
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Uy....cuánta intriga....¿qué cosas ocultas traerían los planes de mi padre?
Te prometo que tendré paciencia Nauxica y esperaré el desenlace.
Páginas: 1

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