VOY A CONTARTE UNA HISTORIA

Categoría(s): Fantasia

Hace muchos siglos atrás en el tiempo, existió un reino en algún lugar en lo que hoy se conoce como Europa, su gobernante era un joven príncipe que lo tenia todo, posesiones, sus tierras se extendían mas allá de lo que el ojo humano podía ver, tenia dinero en abundancia y gozaba de un poder absoluto sobre los habitantes de su reino.

Como todo gobernante estaba rodeado por una corte de obsecuentes, a lo que a todo les decían que si, para de esta manera estar próximo al príncipe y así poder gozar de ese beneficio.

Este joven príncipe lo tenia todo o casi todo, porque carecía de algo importante que todo ser humano debe encontrar y tener, a este joven representante del escalón mas alto de la nobleza, le faltaba el haber encontrado el amor verdadero, ya que todas las mujeres que se le han acercado, no lo hicieron por amor, sino por el poder que les brindaba ser la amante de turno del príncipe.

Pregunto como encontrar el amor verdadero y nadie le supo responder, hasta que un día uno de sus súbditos le dijo, que en la mitad de la montaña, dentro de una cueva, vivía una ermitaña hechicera, y tal ves ella podría ayudarlo a encontrar la respuesta, le dijo el lacayo al príncipe.

Este no lo dudo y pidió que le trajeran su caballo y un corcel blanco que resplandecía con la luz del sol, hizo su aparición, el príncipe de un solo movimiento monto sobre el esbelto corcel y de dirigió hacia la montaña, al llegar a esta tuvo que seguir a pie, le costo mucho esfuerzo el escalar el enorme montículo de roca, pero no importaba ya que iba en búsqueda de una respuesta.

Luego de un tiempo de marcha llego por fin a la entrada de la cueva, alguien le dijo desde adentro, pasa te estaba esperando, y el joven príncipe ingreso a la misma y se encontró con la hechicera, esta era una anciana, su cabello era gris y desprolijo, las arrugas de su cara parecía un mapa con división política de cualquier país, en su boca no había ningún diente, ya que todos decidieron morir antes que ella, sus ropas eran andrajos que colgaban de su cuerpo.

Ambos se quedaron en silencio por un instante, solo se observaban y fue la anciana quien rompió el silencio cuando pregunto ¿a que debo el honor, que el representante de esta comarca, venga a mi humilde morada? El joven príncipe con vos temblorosa respondió, dicen que tú puedes ayudarme a responder mi pregunta, ¿y cual es esta pregunta? Pregunto la anciana, deseo encontrar el amor verdadero, dijo el príncipe y vine a preguntarte si lo hallare.

La anciana preparo una poción mágica con ingredientes de todo tipo, el resultado fue un brebaje algo viscoso de color verde oliva y el cual bebió unos pequeños sorbos, ambos estaban en silencio mirándose fijamente uno a los ojos del otro, el joven vio como la hechicera cambiaba de expresión al ingerir su preparación, después de un momento en que la anciana había caído en trance, se dirigió al príncipe y le dijo, encontraras el amor verdadero, el joven sonrió al escuchar a la hechicera, y esta continuo, encontraras el amor verdadero pero lo perderás, lo encontraras nuevamente y lo volverás a perder, lo encontraras muchas veces y en cada una de esas oportunidades lo volverás a perder.

El joven príncipe satisfecho por la respuesta de la hechicera extrajo de entre sus ropas una bolsa de color marrón que se cerraba con un cordón del mismo color, le entrego cinco monedas de oro, por una respuesta que no entendió su significado, se estaba marchando de la cueva cuando volvió a ingresar nuevamente ¿ cómo reconoceré a mi amor verdadero? Tus ojos te dirán cual es, ya que lo reconocerás a través de ellos ¿y porque lo perderé una y otra vez? preguntó el príncipe, la anciana lo observo y vio a un niño intrigado y solo le dijo, lo perderás tantas veces como lo encuentres ¿pero porque lo voy a perder? Porque así esta escrito, y lamentablemente no puedes cambiar lo que esta escrito, el joven príncipe abandono la cueva y dos sentimientos invadieron su ser, la felicidad por saber que encontraría lo que deseaba ansiosamente y la tristeza por saber que en algún momento lo perdería.

Volvió al lujo de su palacio y a la corte de obsecuentes que nunca se irían del palacio.

Un par de años transcurrieron en la vida del joven príncipe, hasta que una tarde sus ojos le indicaron que estaba en presencia de su amor verdadero, ella era una joven de una comarca vecina, su cabello era amarillo como el oro, sus ojos eran del color del cielo, su figura se asociaba con la perfección y su rostro exclamaba a los cuatro vientos que la belleza existía, y ella era su mejor expresión.

Cuando la vio por primera vez, recordó las palabras de la anciana hechicera, esta le había dicho unos cuantos años atrás, encontraras el amor verdadero pero lo perderás, los ojos del príncipe fueron capaces de reconocer en los ojos de ella, al amor verdadero, vivieron juntos por espacio de cinco décadas, hasta que ella enfermo de una enfermedad hasta el momento desconocida y a consecuencia de esta, falleció.

El joven príncipe ya convertido en rey quedo desolado, quedo solo y fue allí cuando nuevamente recordó las palabras de la hechicera, estaba mirando sin mirar, cuando esas palabras retumbaron en su cabeza, perderás el amor verdadero tantas veces como lo encuentres.

Ocho días después de la muerte de la que alguna vez fue doncella, el rey también murió, sumido en el dolor, la tristeza y la desolación.

Cuentan que un par de siglos después de este echo, un hombre se enamoro de una mujer cuando sus ojos vieron por primera vez a los ojos de ella, era como si la hubiera reconocido, era como si la conociera de antes, aunque era la primera vez que la veía.

Ella tenia la piel del color de la leche, sus ojos eran de un color verde aceituna, su cabello era negro como el carbón, parecía una esfinge egipcia, de común acuerdo decidieron transitar juntos la vida que les tocaban vivir, fueron felices por años, hasta que ella conoció a otro hombre y con este se fue, su marido quedo reducido a la mínima expresión ya que se hundió en el dolor, la tristeza y la desolación.

En 1963 en plena beatlemania, un hombre que residía en la ciudad de Liverpool, pescador de profesión, un hombre osco y duro producto del ambiente en que vivió toda su vida, dicen que un día llegando a puerto con su embarcación, vio a una mujer en el muelle y le llamo la atención, faltando pocos metros para llegar a ella, esta se dio vuelta, y el creyó reconocerla cuando vio sus ojos, era como si la conociera de toda la vida, pero eso era imposible porque era la primera vez que la veía, ella era una mujer de tez clara, su cabello era ensortijado y daba la impresión de estar desordenado, sus ojos marrones como una madera recién barnizada, su rostro estaba algo sucio y su aspecto era algo desalineado, el la invito a consumir unas cervezas negras y ella acepto gustosamente.

Hablaron durante toda la noche y el solo se preguntaba ¿de donde te conozco? Cada vez que la veía a los ojos.

En cuatro meses se fueron a vivir juntos, vivieron de lo que el pescaba, la casa que compartían era muy modesta y algo silenciosa así que de común acuerdo decidieron llenarla con la presencia de tres hijos, la familia que habían construido fue feliz por años, tenían pocas cosas de valor, pero eran millonarios por el amor que se brindaban entre ellos y el que les daban a sus hijos, el hombre y la mujer tenían como costumbre salir todos los domingos por la tarde a navegar, era como un ritual o una rutina, que en ningún domingo dejaron de realizar.

Fue justamente en una de esas tardes en que se preparaban para realizar su viaje de placer, uno de sus hijos que para entonces ya era mayor de edad, le pidió a su padre que esa tarde no saliera con su embarcación, a lo que el padre no le hizo caso, ya que muy dentro de el sentía que el momento que compartía con su mujer, era como una comunión que tenia con ella.

Ese domingo por la tarde no iba a ser la acepción y salio a la mar con su esposa, a unos cuantos kilómetros del muelle fueron sorprendidos por una tormenta que se desato de golpe, el mar como una gigantesca garganta los trago, sus cuerpos jamás fueron hallados, por ende de ellos nunca se supo nada, habían desaparecido, como desaparece la sonrisa, ante la tristeza.

En 1990 un hombre de tez blanca, cabello rubio, ojos claros, camionero de profesión, se encontraba arriba de un muro, el mismo que separaba a las dos Alemania, este hombre tenia en su mano derecha un martillo con el cual golpeaba sin cesar y lo hacia una y otra vez contra el muro, a su alrededor miles de personas con la misma intención que el, era una noche de festejo en el país teutón, ya que el gobernante ruso Mijail Gorvachov había decidido el fin del comunismo, así que el viejo muro de Berlín ya no tenia sentido que existiera.

Aun permanecía sobre el muro y con su martillo castigaba al duro cemento, alguien le ofreció una botella de vodka para festejar y así poder mitigar el frío que reinaba esa noche, pero el frío no importaba ya que asistían a un acontecimiento histórico, el tomo la botella con una mano y bebió unos pequeños sorbos del liquido que esta contenía, cuando devolvió el envase que contenía el néctar en su interior se dio cuenta que fue una mujer quien se lo había ofrecido, los ojos del hombre se posaron sobre los ojos de la mujer y la reconoció de inmediato, pero esto era imposible ya que era la primera vez que la veía.

Ella era una mujer de algún país del continente africano, su piel era totalmente negra, negra como el alquitrán, sus ojos negros parecían dos lunas que salían por las noches en el infierno, cuando ella le sonrió el creyó que por un instante se había echo de día y el sol lo iluminaba, bajaron como pudieron del muro y se olvidaron que su intención era voltearlo, juntos se alejaron del lugar, hasta que un estronduoso ruido los hizo voltear la vista a ambos, y vieron como ese muro construido después de la segunda guerra mundial, caía rendido a los pies de la voluntad popular.

Diez meses después de este echo ambos se casaron y vivieron en la Alemania unificada, cinco años después de haberse casados ella recibió una carta en la cual le anuncian, que su padre esta agonizando, ella no lo piensa, no lo duda y regresa a su pequeño país del continente africano, su marido no pudo acompañarla, pero estuvo de acuerdo en que ella vaya a ver a su padre.

Tres días después de la llegada de la mujer a su país, en este se desata una revolución, una guerra civil, en donde dos fracciones tribales se enfrentan con ferocidad por lograr el poder de la nación, el tiempo pasa y el no tiene noticias de ella, quiere ir a buscarla pero le indican que nadie puede entrar o salir de ese país africano hasta que el conflicto interno se resuelva.

Pasaron setenta y tres días desde que ella se fue, una mañana alguien gopeo la puerta y el la abrió, vio a un hombre que tenia un sobre en una de sus manos, el remitente era de la cancillería alemana, en el interior del sobre había una carta, en ella le anunciaba que su mujer había sido victima involuntaria de uno de los tantos atentados realizados-cometidos en el país africano, su mujer había fallecido.

Para este hombre todo había terminado, el mundo que había construido con su mujer se estaba derrumbando, como se derrumban los castillos de arena cuando son tocados por la marea, este hombre se dejo hundir en el dolor, la tristeza y la desolación.

Hoy desperté como todas las mañanas y agradecí el milagro de estar vivo, fui al baño y cepille mis dientes, luego lave mi cara con jabón como cada mañana, estaba enjuagando mi rostro, retirando los últimos vestigios de jabón de mi cara y procedí a secarme con una toalla y sin querer, accidentalmente vi los ojos que se reflejaban en el espejo del botiquín y no eran otros que mis propios ojos, ellos eran como un imán para mi, no podía dejar de mirarlos, de mirar a mis propios ojos, no se cuanto tiempo permanecí así, era como si el tiempo se hubiera detenido y ahora miro mas allá de los ojos, busque en sus profundidades y me reconocí.

Yo soy aquel príncipe que vivió hace muchos siglos atrás en el tiempo y tu eres la doncella que me hizo conocer el amor verdadero, recuerdo las palabras que me dijo la anciana hechicera con respecto al amor verdadero, lo perderás tantas veces, como lo encuentres y así fue como ocurrió, siglo tras siglo te he encontrado y también perdido.

Te he encontrado en esta vida y ya no quiero volver a perderte mas, quisiera encontrar la forma de borrar las palabras de la ermitaña anciana.

Quisiera vivir con la convicción de que nunca mas te perderé, siglo tras siglo, he sufrido tu ausencia, después de haber disfrutado de tu presencia.

Así que te propongo un trato.

Unamos nuestras fuerzas y luchemos juntos contra nuestro destino.

Juntos tratemos de borrar las palabras de la anciana hechicera.

Seamos socios, en la utilidad de nuestras vidas.

Rompamos en esta vida el maleficio que marca como un hierro al rojo vivo, nuestro destino.

Seamos uno en comunión con el otro, para afrontar el reto.

Si aceptas este trato:

Solo necesito como respuesta, una sonrisa tuya, la misma que alegra e ilumina mi espíritu y mi alma, cada vez que la veo.

Y si por el contrario, no aceptas este trato:

Tan solo me quedara el consuelo, de poder convencerte en la próxima vida, que nos toque vivir juntos.

Se que nos volveremos a encontrar porque así esta escrito, y nadie puede borrar lo que esta escrito y predestinado.

Así fue, así es y así será por los siglos de los siglos.

 

 

 

                                                                                FIN

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Comentarios:

Escrito por: Vilma       12/08/08 23:36
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Después de leer este texto tuyo me dejas pensando, recapacitando y analizando muchas de las frases y párrafos. No sólo nos dejas letras sino mucho que pensar de uno mismo. Gracias. Besos.Vi.
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