Volviste con tu ex

 

Lo nuestro terminó como el rosario de la aurora... Tormentosa relación aquella; escalonada en el tiempo para darnos respiros, pero tormentosa en cada encuentro..., pasional y tormentosa.

 

Luego, volviste con tu ex... Me enteré, claro que me enteré.

 

 

 

 

Qué fastidio, tengo que llevar mi coche al taller, ya no aguanta más tiempo con los desperfectos; cualquier día se me presenta salir a carretera y no llevo las luces en condiciones, y la puerta, pufff, un follón cada vez que tengo que salir del vehículo: Bajar el cristal de la ventanilla, sacar la mano fuera, palpar y, cuando encuentro la manivela, intentar abrir al contrario.

Bueno, ya sé qué estarán pensando, lo de aquella canción... "porque no engraso los ejes me llaman abandonao..." Pues eso, que ya es hora de que lleve mi coche a arreglar.

 

Así que por fin, el otro día, pedí cita en el taller y me la dieron para hoy, martes y, aunque siempre he oído decir "en martes ni te cases ni te embarques" tampoco llevar un automóvil al taller es nada del otro mundo; cosas más peligrosas he hecho en martes, por ejemplo nacer.

 

Pero bueno, quieras que no, dejar el coche por unos días abandonado en el taller no le hace mucha gracia a nadie ¿a que no? No sé..., es algo que forma parte de una, aunque no lo use mucho, pero lo tienes ahí por si acaso, y es tuyo, y eso no tiene vuelta de hoja.

 

La bici es más cómoda, más práctica para algunas cosas pero también tiene sus inconvenientes... El de la mía, que es un poquitín grande y no es plegable. O bueno, tal vez no sea que la bici es grande sino que mi coche es pequeño. El caso es que  no cabe dentro si no es desarmada.

 

He estado tentada de llevármela al taller; así, cuando me despidiera de mi Twingo, me haría compañía y, ¡qué caramba!, me traería de vuelta a casa. Que queda un poco lejos el taller, no vayan a creer.

 

No sé por qué razón hoy me he levantado con ansiedad, como si llevar el coche al taller fuera el gran acontecimiento, jaja, qué tonta, si voy al médico y no me pongo tan nerviosa... Bueno, ya sé, es que para los coches no hay seguridad social... y hay que pagar la visita, la estancia si se queda, la medicación, la sustitución de órganos, los honorarios de los mecánicos..., uff, ya sé por qué estaba tan nerviosa.

 

Pero, ¿sólo por eso me iba a poner "mona"? En fin, me parece un poco raro, amanecer nerviosa y vestirme con falda y toda conjuntada..., hasta la gorra del color del coche.

 

Claro, como al final decidí dejar la bici en casa, me puedo permitir el lujo de llevar falda estrecha hasta los tobillos. 

¡Los labios...!, imprescindible un toque de carmín anaranjado, no puedo salir sin él. ¿La raya del ojo...? No, hoy no hace falta; "hija, ni que vayas a una discoteca..., además a esta hora, a pleno sol (que hoy por fin ya ha vuelto a salir), si tú siempre llevas gafas de sol". 

 

Bueno, pues lista. Subo a mi coche, lo encuentro bien, a pesar de los desperfectos. Arranca a la primera, como siempre; ¡cómo no lo voy a querer...! Y, en marcha, camino del taller.

 

El tráfico bien, llegamos pronto. Me reciben pronto ¡Uy qué bien!

 

Firmo una hojita, me quedo la copia azul; imprescindible para poder recoger a mi coche, que no me olvide dónde la pongo y, ¡novedad!, me ofrecen un folletito con nuevos servicios: alguiler de vehículo... ¿para qué? si tengo la bici en casa; llamada de taxi si lo prefiero... (bueno, no está mal, me ahorro la llamada con mi móvil) o la línea de autobuses, cuya parada queda justo enfrente del taller, a decir verdad, a unos cinco metros a la derecha. ¡Qué buen servicio!, no puedo quejarme..., la verdad, no me hacía falta la bici.

Pero, ¿todavía serán capaces los del taller de creerse que la parada del bus la han puesto ellos, que el servicio de transporte público corre a cargo de ellos? jajajaja, hay que reírse. Pero bueno, al menos no hay que andar preguntando...

 

Dudo por unos minutos..., tomaría un taxi, es lo más cómodo, total, de aquí a casa..., por una vez, tampoco será mucho gasto... "Pero bueno ¡no seas comodona! y el encanto que tiene el transporte colectivo...

Es barato, ameno, distraído, lento (¿pero qué prisa hay?), si no encuentras asiento libre te puedes agarrar a las barras, a los tiradores que cuelgan..., si frena un poco bruscamente no te caes, solo te tropiezas con el de al lado..., bueno, te pueden dar algún pisotón sin importancia, o un codazo en la teta, pero nada más... Y además, estamos en invierno..., la gente no huele mucho a sudor en esta época del año. Yo creo que, a pesar del tiempo que hace que no utilizas ese tipo de transporte, hoy es tu día para volver a experimentarlo".

 

¡Genial!, me acerco a la parada y, llegando yo, llegando el bus.

Arriba, pago..., todavía me sobran cinco céntimos, y me acomodo al lado de una de esas barras, pegada a la ventana, pero, en lugar de admirar el paisaje de fuera, una carretera sin ningún valor artísitico (qué esperaba...) y que ya tengo muy vista, prefiero mirar hacia el interior, curiosear, ver caras nuevas, las pintas, la ropa, las nacionalidades, las conversaciones, los idiomas, las parejitas de colegiales adolescentes, el típico chico "pijo" que viste ropa cara, pero ¡qué abrigo más bonito!, no sabía que esta clase de gente usara el transporte colectivo..., pero siempre se aprende algo nuevo; y es que, aunque sea de vez en cuando, hay que empaparse de las sensaciones al natural, de ver las cosas con tus propios ojos, de sentir los latidos de la vida, de la ciudad y, mejor si son los del campo; pero experimentar, no dejar que todo te lo digan por Internet, ¿a que por Internet no te dicen que los pijos también hacen trayectos en transporte colectivo?

 

Bueno..., no está mal..., ¡lo que se aprende dentro de un bus! 

¡De pronto!, sube un hombre muy guapo, guapísimo, extraordinariamente guapo; un tipo totalmente masculino, rezumando sex apeal por los cuatro costados, impecable con su chaqueta de cuero. Lo miro, no puedo mirar para otro lado... ¡Sorpresa! ¡Es él! Eras tú..., no lo podía creer.

 

Te miro fijamente (detrás de mis gafas de sol), intento asegurarme... No hay duda, eres tú. Algo más viejo, algo más atractivo, algo más guapo.

 

Puaff!! el corazón me empieza a latir acelerado, un leve rubor invade mis mejillas. Como llevo las gafas no me importa mirarte con descaro...

 

No estoy segura de si me has reconocido, disimulas muy bien, siempre supiste hacerlo, pero te noto nervioso, no sabes dónde meter la cabeza, dónde clavar tu mirada; ¡uff, tierra trágame! 

Sin embargo yo..., no te quito la vista de encima. Ah, lo siento, llevo mis gafas de sol y qué quieres, te has plantado ahí, justo delante de mí, pues te miro, con descaro, y qué..., ¡si eres tan guapo! ¿qué culpa tengo yo?...

 

Además..., quiero saber si te acuerdas de mí. Eso es más importante que lo de que seas guapo, ¡faltaría más! 

 

A ver..., otro ratito de disimulo, otra mirada descarada por mi parte..., a ver hasta dónde aguantas...

 

Ya!! De repente levantas la cara, me diriges una mirada fulminante recorriendo mi cuerpo de arriba abajo y te paras por unos segundos en mi mirada con un gesto indescriptible, un gesto que nunca te había visto. Tú, tan hierático, tan impasible... ¿qué ha significado esa expresión? expresión que, por cierto, sí que la había visto antes..., vaya, en uno de mis actores preferidos, Sean Bean; igualita, iigualita.

 

Pero... eso ha sido todo. Te sonrío, no puedo evitar sonreírte, un poco más ruborizada (por la emoción..., ¡por la emoción!, no sean mal pensados, no, no es por la menopausia) pero segura de mí misma, y sin rencor; con alegría. Ha sido un encuentro inesperado... ¿Tal vez  mi corazón me lo decía...?

 

Me paso tres paradas pero, decido no hacerte el trayecto más embarzoso. Me bajo del bus con un aire muy suelto y con decisión sigo mi camino... Por suerte paso por delante de una sala de exposiciones; hace tiempo que no he entrado a ver ninguna.

Una chica sentada tras una mesa escritorio habla por teléfono, la veo a través del cristal del escaparate, pero la sala está vacía. Entro y a mi izquierda, sobre una repisa, unos catálogos con las tapas en naranja me dan la bienvenida. Me dispongo a ver la exposición...

 

 

 

 

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Comentarios:

Escrito por: carontex       17/02/09 00:08
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las pasadas del inconsciente son verdaderamente conscientes , es es una historia de mañanas , me encantan las historias mañaneras , con la gente despierta el Sol que empieza a calentar y un optimismo desbordante ,tu personaje vive su relato como sueño despierto , sabía que tomaría el bus , seguro que estropeo el coche aposta o maldita falta que la hacía un arreglo , una exposición siempre merece la pena ....
Escrito por: avesolitaria       04/02/09 16:41
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Vaya, Gabrielita, la pena es que no llevaba la cámara fotográfica...

Malede, aquí también se le dice pijo al pene y más concretamente por mi zona se emplea como una expresión soez o de desagrado: "Me importa un pijo". Y sí, Atahualpa Yupanki era muy conocido en España hace unos cuantos años, en mi juventud.

Muchas gracias a tod@s por leerme y por vuestros comentarios!!
Un abrazo.
Escrito por: GabrielaAgilda       04/02/09 14:45
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Luego de esta lectura,no puedo evitar preguntarte por qué no nos regalas más a menudo tus instantáneas cotidianas...Es que me he reído tanto mientras te leía.Tenés una gracia que te nace in pedir permiso,y no hace falta intercambiar más que un privado con vos para darse cuenta.
De un hecho aparentemente sin mayor importancia,nos llevas al bus a contemplar a un buen mozo.Yo no sé....no me conformo:quiero más de esto,Sol....Esmérate en complacerme:no deberás esforzarte.Sólo deberás ser vos misma.
Mil besos doradísimos.
GABRIELA
Escrito por: Maurod86       03/02/09 22:40
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Buena historia, buena descripción.....un gran saludo...
Escrito por: mapanyvino       03/02/09 20:05
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Que gran historia que no hace compartir buen dia, saludos
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