


| Escritor: | Ariel |
| Públicado: | 26/02/2008 |
Le conocí gracias al destino, cupido hiso de las suyas en mi corazón, fue maravilloso el preambulo hasta que fuimos uno por casi una decada, vivimos en armonía y felicidad, donde floreció una hermosa vida, el fruto del amor. Con el tiempo y la rutina la flama del amor se extinguió, por lo que conllevó a una separación tortuosa y dolorosa, una familia había sido debastada por la inmadurez y la falta de comunicación (males sociales del mundo actual).
Pasaron dos tempestosos años para ambos, los dos con su vida alocada, perdida, sin futuro, sin rumbo, en mi caso atrapada y segada por la soledad acompañada por un ente cruel, sorprendida mi vientre acogía una nueva vida, en el fondo del abismo comprendí, reflexione, asumí y renací.
Con un esboso de sabiduría me despojé de lo que me dañaba, un proceso mágico vislumbro mi camino, como si los años no huniesen pasado, la soledad ya no es mi compañera, he revivido para afrontar con orgullo mi nueva realidad.
Nunca hay tanto sufrimiento, nunca hay tanto dolor, si yo fui capaz de volver a vivir, volver a enderesarme, volver a ser mujer, volver a sonreir, volver a disfrutar, es por que reconocí mis falencias y equivocaciones, gané una batalla cruel pero salí airosa, mujeres se puede, solo hay que vencer el miedo y darnos cuentas de lo que somos capaces.
Hoy estoy bien, aprendí a ser mejor madre, mejor esposa, mejor mujer, mejor compañera, mejor amante, mejor profesional, mejor ama de hogar, roles que no debemos olvidar, uno no es más importante que otro, todos nos exigen por igual, Si se puede, con orden, planificación y amor, se puede.
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