VIUDA NEGRA

Categoría(s): NARRATIVA
Por: Axel Blanco

 

Asistió a aquella boda la noche del viernes con el traje pardo que compró expresamente para conocer a la mujer de sus espejismos de mozalbete. Cuando su corazón taciturno se desintegraba gradualmente con el líquido cáustico de los rechazos y su alma parecía que moría de amor pero sin amor. Nunca había tenido éxito con las lindas aunque los adefesios se aproximaban a él por montones en las reuniones y en cualquier parte donde iba y se erguía, inflando su pecho esquelético para que las voluptuosas lo devoraran con sus grandes ojos de lechuza en ardores de verano.  Pero las lindas preferían a los musiquitos con talento o sin talento, siempre que éstos alardearan de tenerlo o andarán con su respectivo instrumento para arriba o para abajo. Con la guitarra o el cuatro, con la flauta o la bandolina, con el tambor o el bajo. Sin embargo, el día de las excepciones había llegado con la presencia intespectiva de una belleza arácnida cubierta con un manto tejido con filigranas de seda en forma de telaraña, atrayentemente lívida, cabellos lacios y ojos grandes y vivos pero que emitían un extraño efecto tranquilizador e hipnótico. A él le gustó ver su vestido de seda negro que embutía su cuerpo descarnado pero voluptuoso, casi permitiendo la reverberación de los rayos de la luna que se despedía ya, a la medianoche, del anciano que la vio nacer en su agónico crepuscular.
Él, caminó durante horas por aquellas calles grisáceas de Caracas siguiéndola como muerto viviente mientras su perfume lo abofeteaba con el viento idiotizándolo, prendiéndolo como de un halo feromónico que casi lo hacía volar olvidándose de la atiborrada página de obituarios de todos los días, en todos los periódicos. Se olvidaba de los miles de hombres sin nombre que pierden sus vidas en el inframundo de los espectros funestos donde la ley de los seres diurnos no se cumple sino de las navajas y pistolas manchadas de muerte roja y negra y nauseabunda. Un color ocre obnubila la visión de los que son estrangulados mientras rajan sus bolsillos despojándolos de la quincena, menudita en billetes de 5. Otros que cierran las santamarias de sus negocios son asaltados cuando pretenden trancar los pesados candados, los vapulean para sacarles el secreto de la tajada mayor de la caja fuerte, le dan un tiro o dos para hacerles entender de buenas maneras, sin chistecitos o palabritas dulces, hasta que le amenazan con los hijos, y entonces, sueltan la perla temblorosos__ Está allí, detrás de la réplica de Borges. Algunos, con la frente ensangrentada y hematomas violáceos amarrados a una silla en algún recoveco de la ciudad, piden clemencia a sus captores mientras estos gestionan su liberación amedrentando a sus transidos familiares, pidiendo millones o millardos a través de cartas clandestinas escritas con recortes de letras o paquetitos misteriosos dejados con sigilo en la noche cenicienta. Paquetes con fotos de los secuestrados con ojos llorosos y una mueca de desconcierto en la cara  resignados tal vez al más ominoso de los destinos. Hasta que los captores logran la confirmación telefónica del hallazgo de una talega con fajos de billetes de cien que mandaron los dolientes a una dirección desconocida, y sueltan a la victima desangrada y exhalando su ultimo aliento en un container de basura pestífero.

Los casos anteriores suceden a cada minuto porque las crónicas policíacas lo revelan día a día en la famosa Gran Caracas: “Chico joven muere a balazos sólo para despojarlo de sus zapatos”. En los obituarios se encuentran las fotos de hombres desconocidos que un día también caminaron las calles grisáceas de la ciudad posiblemente persiguiendo a una mujer encantadora que los hechizó en un halo de feromonas, embutida en un delicioso vestido negro y un manto en forma de telaraña. Nuestro hombre siguió por varias cuadras los pasos de aquella mujer irresistible hasta que al final de una calle lejana, el sonido sin eco de un disparo se escuchó. Las múltiples bocinas de los polis y ambulancias, los vecinos cuchicheando frente a sus casas y los ladridos frenéticos de los perros aulladores ocuparon la calle del siniestro.   

Los periódicos confirmaron el suceso cuando salió en primera plana de varios circulantes: “Hombre saliendo de una boda fue asesinado por la Viuda Negra. Los vecinos dicen que caminaba idiotizado detrás de ella posiblemente afectado por el somnífero que siempre dispersa en el aire para atrapar a sus victimas.”

 


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Comentarios:

Escrito por: S_Bustamante       11/11/08 18:49
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Surrealismo puro... ?Esas cosas se dan en las calles de Caracas?...
Escrito por: Rina       28/07/08 07:02
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La viuda negra, que personaje mas atractivo, inquietante, seductor y maligno...toda una estrella...aqui la ahces deslumbrar...ya la imagino caminando y a muchos hombres detras de ella...
Muy bien compañero, un gusto leerte
Besos
Páginas: 1

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