


| Escritor: | AxelBlanco |
| Públicado: | 28/06/2008 |
Asistió a aquella boda la noche del viernes con el traje pardo que compró expresamente para conocer a la mujer de sus espejismos de mozalbete. Cuando su corazón taciturno se desintegraba gradualmente con el líquido cáustico de los rechazos y su alma parecía que moría de amor pero sin amor. Nunca había tenido éxito con las lindas aunque los adefesios se aproximaban a él por montones en las reuniones y en cualquier parte donde iba y se erguía, inflando su pecho esquelético para que las voluptuosas lo devoraran con sus grandes ojos de lechuza en ardores de verano. Pero las lindas preferían a los musiquitos con talento o sin talento, siempre que éstos alardearan de tenerlo o andarán con su respectivo instrumento para arriba o para abajo. Con la guitarra o el cuatro, con la flauta o la bandolina, con el tambor o el bajo. Sin embargo, el día de las excepciones había llegado con la presencia intespectiva de una belleza arácnida cubierta con un manto tejido con filigranas de seda en forma de telaraña, atrayentemente lívida, cabellos lacios y ojos grandes y vivos pero que emitían un extraño efecto tranquilizador e hipnótico. A él le gustó ver su vestido de seda negro que embutía su cuerpo descarnado pero voluptuoso, casi permitiendo la reverberación de los rayos de la luna que se despedía ya, a la medianoche, del anciano que la vio nacer en su agónico crepuscular.
Los casos anteriores suceden a cada minuto porque las crónicas policíacas lo revelan día a día en la famosa Gran Caracas: Chico joven muere a balazos sólo para despojarlo de sus zapatos. En los obituarios se encuentran las fotos de hombres desconocidos que un día también caminaron las calles grisáceas de la ciudad posiblemente persiguiendo a una mujer encantadora que los hechizó en un halo de feromonas, embutida en un delicioso vestido negro y un manto en forma de telaraña. Nuestro hombre siguió por varias cuadras los pasos de aquella mujer irresistible hasta que al final de una calle lejana, el sonido sin eco de un disparo se escuchó. Las múltiples bocinas de los polis y ambulancias, los vecinos cuchicheando frente a sus casas y los ladridos frenéticos de los perros aulladores ocuparon la calle del siniestro.
Los periódicos confirmaron el suceso cuando salió en primera plana de varios circulantes: Hombre saliendo de una boda fue asesinado por
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