Visitante
En puntitas de pié, sigilosa, con los ojos abiertos, expectantes, con puñados de preguntas como flechas dispuestas a buscar su blanco. Así llegó mi niña esta mañana. Mi niña-yo. Aquella que habitó este envase cuando aún le faltaban cicatrices ¡tantas! La invité a caminar conmigo mientras el sábado avanza por las veredas recién lavadas de esta Buenos Aires desorientada. Desde la Plaza de los Dos Congresos, observando El Molino imaginé sus tiempos de apogeo, la misma esquina pero con otro brillo. Placidez en el aire y otro ritmo. ¿melancólica?- preguntó impertinente mi niña-yo.- No es melancolía la palábra. Tal vez tristeza, o un no sé que mezcla de aceptación con algo de resignación. Es que ése lugar, -como otros tantos- fue un centro de expansión del pensamiento. Cuando pensar y hablar bien tenían sentido.
has encarado con una maestria borgiana un dilógo con tu otro yo
el enfrentamiento eterno entre la niña y la mujer es un placer leerte
Yo he tenido esos encuentros, en que se conjugan la inocencia, el ayer, la nostalgia y la madurez para darse cita en lo más interno del corazón. Me ha gustado.
Un abrazo
Paula.