


| Escritor: | AxelBlanco |
| Públicado: | 13/04/2008 |
Por: Axel Blanco
Mientras ocurrían en Europa los sucesos que cambiarían al mundo durante el siglo XVIII, los pueblos de
Era el cacao una verdadera riqueza que había llegado a dar ganancias hasta las setecientas cuarenta y tres mil libras entre 1789 y 1799. Por esto los reyes peninsulares estaban detrás de aquella gran tajada que se escapaba hacia México y las Antillas.
Fue precisamente un funcionario del mismo rey y gobernador, el que se sublevaría en contra de los abusos de los guipuzcoanos, el teniente de gobernador Juan Francisco de León, que siendo también un hacendado se vió afectado alzándose el 19 de abril de 1749, esclavos y campesinos, en número aproximado de mil, se trasladaron a Caracas para exigir la derogación inmediata de la empresa vizcaína. El gobernador Castellanos se comprometió con el coronel en búsqueda de soluciones pertinentes. Pero el gobernador lisonjeaba hipócritamente, las promesas, no se dieron, incluso, movilizándose nuevamente con nueve mil almas. Pero la contienda entre los criollos y
A pesar de las ansias de libertad económica, todavía se albergaba en el corazón de los nacidos en la colonia, otros sentimientos que se gestaban a una velocidad imperceptible. Las esperanzas autonómicas que se remontaban desde los primeros tiempos de la colonia, se tornaron vivas, factibles, ante los acontecimientos que invadían el escenario mundial. Eran los criollos destinados a la magna empresa. Claro, no podían ser otros colonos. Sólo ellos estaban en la posición social de ostentar abolengo, riquezas, educación y viajes, para entrar en contacto con los factores determinantes para los cambios políticos requeridos.
Los vientos de libertad que se respiraban en Venezuela venían subrepticiamente dentro de los buques. En los anaqueles clandestinos donde las milicias del rey nunca pudieran olfatear durante sus inspecciones. De alguna manera esos libros enciclopédicos contentivos de las ideas insurrectas, se pasaban de mano en mano, de familia a familia, de tertuliano a tertuliano: ideas de Jean Bodin, Jean Jaques Rousseau, Montesquieu, Voltaire, Thomas Hobbes, Jonh Locke, entre otros. La escena del pueblo francés, derrocando a la vieja monarquía para establecer su república era dibujada en la mente de los pocos lectores de aquella sociedad colonial. También las descripciones bien hilvanadas de los periódicos hispanos durante la revolución de los colonos ingleses. Todo lo anterior era una mezcla peligrosa que llegaría a su punto de ebullición en abril 1810.
Los vientos de libertad estaban provocando la sacudida esperada en varios lugares y en años distintos: Desde el 10 de mayo de 1795, el zambo José Leonardo Chirinos se levanta en la sierra coriana. Sus antiguos viajes a Curazao y Haití, le permitieron contactos importantes con verdaderos potentados del conocimiento libertario francés. Sus lecturas lúcidas le habían abierto a una conciencia de mayor elevación donde comienza a darse cuenta de las crueles injusticias del sistema monacal. También algo más mueve al zambo, sus hijos y esposa son esclavos, mientras él disfruta de una libertad condicionada por el trabajo a sus patrones. Sale pues enfurecido con sus negros haciendo venganza a algunos hacendados blancos, matando y quemando sin contemplaciones. Pretende llegar a Coro, confía que la ciudad caerá a sus pies, intuía que se le unirían algunos, entre ellos José Caridad González, pero no lo logra, las milicias al mando del Justicia Mayor, dan al traste con algunos cabecillas y hombres sublevados. El Zambo huye mientras puede con varios, pero es atrapado por la traición de un amigo.Es condenado a la horca en el año 1796.
La noche del 4 de junio de 1797, se fugan los condenados a presidio en
Los revolucionarios franceses fueron descubiertos por un duro espionaje de la corte antes del día señalado para el amotinamiento, día de San Blas, 3 de febrero. Habían llegado a la prisión de la guaira pero no se quedarían de brazos cruzados, eran de armas tomar, así que fraguaron una conspiración dentro de la colonia poniéndose en contacto, primero, con los jóvenes de pensamiento liberal, luego diseminarían panfletos con las últimas noticias de Francia y España, explicarían los pormenores para echar andar una revolución semejante a la francesa para el establecimiento de un sistema republicano. Cuando este trío de liberales escapó aquella noche del 4 de junio, habían dejado encendida una verdadera hoguera revolucionaria. Habían entrado en contacto con criollos y mestizos venezolanos, entre ellos Manuel Gual y José María España, con el neogranadino Antonio Nariño y con Miranda. Es por esto que Miranda, después de las otras conspiraciones y movimientos que surgen dentro de
Aunque las conspiraciones habían hallado algún asidero entre los más jóvenes y liberales de la sociedad colonial. Esta clase superior era todavía, en su gran mayoría, parte fiel y sostenedora del régimen español, de alguna manera querían proteger sus intereses oligárquicos que una revolución intespectiva pudiera derogar. Tal vez, el futuro traería maneras menos riesgosas para hacer posible el establecimiento de la independencia. Los papeles de Gual y España estaban atiborrados de ideas sobre la libertad de los esclavos, igualdad, derogación de los privilegios de clase, ciudadanía para todos los nacidos en un país, y otras premisas liberales que los mantuanos no estaban dispuestos a aceptar.
Los vientos de libertad que habían llevado al Precursor hasta
España, 19 de marzo de 1808.
Los rumores de un rey que huye para
Las piezas del ajedrez se van armando muy bien sobre la mesa del emperador. Todo encaja para cumplir su anhelo de dominación por toda Europa. Ahora su familia formaría parte de la realeza, Portugal sería sitiado e Inglaterra estaría a un paso de ser derrotada por aquella peligrosa y estratégica cercanía desde la costa occidental de la península Ibérica.
Capitanía General de Venezuela, 9 de Mayo de 1808.
Por la muerte del antiguo Capitán General Manuel de Guevara y Vasconcelos, el Ayuntamiento caraqueño reconoce a Juan de las Casas ignorando que este procedía de la nueva administración francesa. El primer tentáculo nepótico de Napoleón, José Bonaparte, gobierna España. Pero estas noticias llegan retardadas a
El dieciséis de Julio el Ayuntamiento presiona al gobernador las Casas, éste convoca a todas las instituciones de la sociedad: Cabildo, Consulado, Clero, nobleza, agricultores y comerciantes, para formar una junta semejante a la de Sevilla. Esta junta sería la oportuna justificación de la autonomía tan esperada por los criollos. Sin embargo, no se llevó a cabo finalmente,
Aunque todos los criollos concordaban en la formación de una Junta Defensora de los Derechos de Fernando VII, Príncipe de Asturias, no todos abogaban por la libertad social dentro de
A las ocho de la mañana del jueves santo entraba Emparan al Ayuntamiento, por previa invitación, los cabildantes le propusieron la necesidad de formar una junta gubernativa a nombre del rey Fernando ya que
En el Ayuntamiento se encontraban cinco personas desconocidas al mismo, decían ser diputados que representaban al clero, a los pardos y al pueblo mismo. Eran: el canónigo José Cortés de Madariaga, el prebístero Francisco José de Ribas, los doctores Juan Germán Roscio y Sosa, hombres religiosos acostumbrados por lo general a las soluciones pacíficas. Le pedían encarecidamente que formara una Junta Suprema dirigida por el propio Capitán General.
Roscio, que estaba ya redactando el acta correspondiente bajo el mudo amén de Emparan, es interrumpido por Madariaga. El prelado tiene pruebas contundentes del engañoso disfraz de Emparan, lo creían lacayo del gobierno francés. Además, explica con seguridad que si
La intervención de Madariaga fue como una daga para el gobernador que se sintió descubierto, los nervios del funcionario estaban a punto de estallar. Entonces, enérgico, se decidió a preguntarle al pueblo si quería su gobierno, si estaban contentos con su mando. Madariaga otra vez hizo de las suyas con su conocido ademán detrás del gobernador, señas desde luego negativas que impulsaron al pueblo a decir que no, en vista de los acontecimientos que vivía España y la necesidad de no sucumbir con ellos las desgracias de un yugo francés. Pero detrás de todo el hervidero de ese pueblo enardecido en
Fuentes empleadas:
FORTOUL, José Gil. Historia Constitucional de Venezuela. Caracas, 1930. Pág. 192-218.
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