Apenas se ocultaba el sol cuando la viuda salía del cementerio donde había enterrado a su marido, hacía pocos minutos. La agonía había sido demasiado largapara ambos, él con un sufrimiento continuo y callado y ella sufriendo con él sin poder aliviar el profundo dolor físico y mental que ambos sufrían. Elena y Claudio se conocieron en un parque infantil hacía cuatro años. Habían ido con sus respectivos hermanos, él con su hermana de diez años y ella con el suyo de once. Se puede decir que fue un amor a primera vista, cuando los dos que entonces tenían, ella diecisiete años y el diecinueve, iban a subir a la rueda gigante, verse y ponerse a charlar fue cuestión de segundos. Los dos eran sumamente simpáticos. Se dieron cita para el día siguiente y se encontraron en la rambla, en un día caluroso para ser otoño. Muy pronto, Claudio comenzó a visitar a Elena como novio oficial, sus padres y los de ella congeniaron en seguida y esto facilitó muchos las cosas para ambos. Sus hermanos también se llevaban bien, en dos años se casaron con la aprobación general. Los dos consiguieron trabajo en un laboratorio de productos químicos entre otras cosas. Los dueños del laboratorio enseñaban a sus empleados todo lo necesario para desempeñar a la perfección su cargo. Todo era maravilloso, se querían, eran jóvenes y la vida les sonreía, tenían todo para ser felices. Pero, en la vida la felicidad suele durar tan poco y algunos meses después del casamiento comenzaron los problemas. Elena comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza, al principio no les dio importancia, pero eran tan fuertes que consultó al médico del pueblo. Claudio a su vez tenía dolores de estómago y también consultó al mismo médico. Luego de varios exámenes, los resultados estaban prontos y fueron a retirarlos. Los exámenes no mostraban síntomas de ninguna enfermedad en ninguno de ellos. Pasaron dos meses pero ni los dolores de cabeza de Elena ni los de estómago de Claudio cesaban. Fue así que Claudio decidió hablar con su jefe y explicarle lo que les pasaba. Muy asombrado salió del laboratorio al comprobar que su jefe no le daba importancia y parecía no brindarle la atención que se merecía, restándole importancia a lo que escuchaba de labios de Claudio. Elena comenzó a sentir, aparte de los dolores de cabeza, náuseas y mareos. Esta vez decidió consultar con un ginecólogo, quien le diagnosticó un embarazo de dos meses. A pesar del sufrimiento, los dos estaban muy contentos con la noticia y al día siguiente lo comunicaron a sus compañeros. No fue sino unos meses más tarde que la pareja comenzó a darse cuenta de que sus amigos ya no los visitaban y que además evitaban todo contacto con ellos. Elena fue la primera en darse cuenta, se lo comentó a Claudio y este le dio la razón. Comenzaron a pensar, qué era lo que habían hecho para que esto estuviera pasando, pero aunque solían preguntar, nadie les daba respuestas satisfactorias, todos evadían el tema, argumentando la falta de tiempo y el exceso de trabajo. Luego de un tiempo, se sentían tan incómodos que decidieron dejar de trabajar en el laboratorio y se lo comunicaron a sus jefes quienes parecieron bastante conformes con la resolución de ambos y hasta les pagaron despido a los dos pues ambos eran excelentes empleados. Habían ahorrado algún dinero y con la ayuda de sus padres, que ahora vivían en otra ciudad, abrieron una farmacia, los dos tenían conocimientos suficiente como para poder atenderla. A los nueve meses, Elena comenzó a sentir los dolores de parto y fue internada en el hospital del pueblo. El trabajo de parto se fue prolongando más de lo debido y Claudio decidió consultar al médico quien le dijo que las cosas no venían bien, se había complicado el parto y que era muy difícil salvar a la criatura. A las doce horas de sufrimiento contínuo, Elena completamente agotada dio a luz a un varón al que no logra ver pues llevado a la sala de cuidados intensivos. Por milagro Elena logra salvar su vida y así pasan varios días sin que ninguno de los dos logren ver a su hijo, hasta que un día el médico les da la triste noticia de que el niño no sobrevivió debido a una enfermedad aparentemente nueva. Tal fue la angustia y la desesperación de los jóvenes que no sabían que hacer, Elena fue dada de alta y los dos volvieron solos a su casa, parecían haber envejecido diez años cada uno, no solo emocionalmente sino que aparentaban tener mas de treinta años cada uno, comenzaron a tener canas y a caérseles el cabello. Tan cansados se sentían que visitaron a otro médico, pero esta vez no lo hicieron en el pueblo, viajaron a otra ciudad muy distante de la de ellos. El médico que los examinó, ordenó su internación de inmediato, según él los dos tenían una enfermedad nueva, desconocida para él y debía hacerles todos los exámenes posibles. Como de esto ya hace muchos años, ahora puedo decirles que lo que tenían Claudio y Elena no era otra cosa que SIDA. Luego de algún tiempo se supo que el laboratorio, que por ese entonces se había venido a menos, por las deudas adquiridas por sus dueños y también por la competencia, había hecho experimentos con virus desconocidos, creados en el mismo laboratorio, con el fin de crear una enfermedad y luego con la vacuna que ellos mismos prepararían, curar la enfermedad y así obtener por la venta de la misma pingües ganancias y fama y volver así a levantar el laboratorio. Todo fue premeditado y la pareja tuvo la mala suerte de haber sido elegida para, sin conocimiento de ellos, ser inyectados con el virus, estudiar sus reacciones y luego así poder crear la vacuna. Todos en el laboratorio estaban enterados, pero habían sido silenciados con dinero y amenazas de perder su empleo. Les habían dicho que obtendrían mayores conocimientos científicos y serían a la larga, beneficiados en sus remuneraciones monetarias. La codicia de este pueblo, que sabía del padecimiento de la joven pareja, no tenía límites. El laboratorio siguió pagando más dinero a sus empleados, quienes no dudaron en recibirlo en lugar de denunciarlos. Hasta el día que la pareja visitó a su nuevo médico, que sin ser del pueblo, no estaba enterado de lo que allí sucedía y les diagnosticó lo que en realidad tenían. Al enterarse de la verdad y sabiendo que su enfermedad aún n o tenía cura y que su fin estaba próximo, volvieron al pueblo para tratar de averiguar quienes eran los responsables de tanto sufrimiento y de su muerte irremediable en plena juventud. Dinero mediante fueron averiguando todo lo ocurrido, hicieron la denuncia y demandaron al laboratorio, pero todo fue en vano, no habían evidencias y todo quedó en la nada. Nadie quiso perder el empleo y perdieron el juicio por falta de pruebas. Pero Claudio no se conformó con estos resultados, decidió que era hora de cobrar justicia por sus propias manos. Poco tiempo después, misteriosamente, se fueron enfermando uno a uno , los dueños del laboratorio y los empleados, hasta que este fue cerrado por falta de personal La gente del pueblo no podía creer lo que estaba pasando, pero el matrimonio bien que lo sabía, una noche que el sereno que como de costumbre estaba ebrio, esperaron a que se durmiera y con la llave que aún conservaban de cuando trabajaban allí, entraron y contaminaron todo lo que encontraron, con un virus mortal y el cual no tenía necesidad de ser inyectado. Tubos de ensayos, plaquetas y hasta la cantina donde almorzaban los empleados, todo fue infectado. No tardaron en verse los resultados, aunque para ellos ya era demasiado tarde, la justicia al fin había llegado, ahora eran muy pocas las personas sanas o vivas en el pueblo, este se había convertido en un pueblo fantasma, solo el cementerio tenía paradójicamente, movimiento. Por eso Elena enterró a su esposo casi de noche, sola sin amigos ni parientes, los cuales por temor al contagio, se fueron distanciando cada vez más, luego del funeral Elena pasó por su casa, levantó un paquete y se dirigió al laboratorio, entró en el desierto edificio, colocó el paquete cerca de ella y se sentó a fumar un último cigarrillo el cual cayó de sus manos yendo a parar sobre el paquete que Elena había depositado a sus pies. En segundos todo había terminado, Elena se encontraba ahora junto a su esposo y a su hijito, al que todavía no había visto nunca y que habían estado esperándola para comenzar algo que nosotros los que aún estamos en este mundo, llamaríamos !una nueva vida!.
Otra historia donde los personajes toman justicia por mano propia ante la impotencia de no poder hacerlo por otra vía, plenamente justificado el actuar de los mismos. Un relato muy digerible.