Al parecer el agua sigue corriendo. Juan de Dios se sienta, !por fín!, a pensar sentado sobre la rama de un árbol. De nuevo la soledad asedía a Juan de Dios. Quizas éste sea un sabado diferente, tal vez hayan nuevas cosas y nuevos instantes por vivir. Al parecer el agua de esa quebrada, color del café con leche, seguía fluyendo como lo hacía Juan de Dios en el tiempo.
Juan de Dios se evaporizó un poco, se convirtío en humo. Del árbol salía humo, Juan de Dios estaba ahí,como un fantasma. Un sujeto pasó y saludó a Juan de Dios, el tipo era otro Juan de Dios hecho piltrafa. De una alcantarilla salía una mujer, al parecer estaba muy drogada, saludó a Juan de Dios y hasta le pidió cien pesos. Juan de Dios le sonrió y le dijo que no habian cien pesos ni para él ni para nadie. Sí, era un sabado loco, un sabado lleno de silencios por resolver, quizas las nubes grises eran el aliciente perfecto para la tristeza de Juan de Dios.
El árbol yacía en silencio sosteniendo el cuerpo y el alma de Juan de Dios. Los pensamientos de nuestro personaje eran imagenes que fluian unas tras otras como el agua de esa quebrada sucia.
No se trataba de una quebrada de campo, una quebrada cristalina, natural. Era una quebrada transformada por la naturaleza humana, era una quebrada de ciudad. en ella se disolvia todo lo desechable por el hombre, en sus alrededores los hombres tambien se desechaban. Juan de Dios lo estaba haciendo, y lo hacía sobre una rama de algun árbol citadino.
Sí, el agua fluia y seguía corriendo. El agua desechable fluía mientras Juan de Dios se dejaba llevar por ella. (Como muchos otros...)
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