


| Escritor: | GaStOnKiNg |
| Públicado: | 28/08/2007 |
Mi nombre es Alfredo, tengo 25 años de edad y en este relato voy a decir por qué lo hice.
Hace mucho tiempo, 19 años para ser exactos, vivía una vida llena de felicidad. Comenzaba la escuela primaria, tenía a mis primeros amiguitos y jugaba con ellos. Mis abuelos, quienes ya no están conmigo en este mundo, me adoraban. Era el motivo por el cual todos sentían ganas de vivir.
Mi familia estaba ubicada en una gran casa en la ciudad de Avellaneda, una de las más grandes de toda la zona sur de la provincia. Allí había un equipo de fútbol llamado Los invencibles, donde cada domingo asistíamos a la cancha con mi padre para derramar todo nuestro afecto por el club, mientras mi madre nos preparaba unas galletas para disfrutar después del encuentro. Pasé toda mi infancia en aquel lugar.
En el año 1990 por razones económicas nos tuvimos que mudar de allí. Mi padre había perdido el empleo, y mi madre, que era ama de casa, tuvo que buscarse uno. Al poco tiempo los dos consiguieron ese preciado tesoro que es el trabajar.
Papá había comenzado a trabajar como albañil en obras en construcción y mamá limpiaba casas ajenas por unos pocos pesos.
De mis abuelos, quedaba solo la madre de mi padre, quien en el año 1992 moriría de cáncer a los pulmones. La pobre tenía más arrugas que un pergamino, pero aún así fumaba más que un adolescente en pleno auge por verse bien ante sus amigos. Ella en esos años no nos podía ayudar económicamente, ya que cobraba una pensión por su marido, que casi no le alcanzaba para sustentarse.
Con el correr de los años, escuché pelear a mis padres por detrás de las paredes. Nunca antes había pasado eso, todo era nuevo para mí. La relación entre ellos comenzó a dificultarse cada vez más.
Noté inmediatamente que ya mis padres me hablaban lo mínimo indispensable, y eso que decían, era para pelear conmigo.
Poco a poco me fueron olvidando. Aquellos tiempos hermosos en los que disfrutábamos jugando juntos habían terminado. Comencé a aislarme de todo y de todos. Caminaba en la noche durante varias cuadras hasta que el cantar de las aves, quienes anunciaban que ya estaba amaneciendo, hacían terminar mi recorrido de pensamientos.
Todos mis sueños se derrumbaban de a poquito.
Al llegar una tarde a casa, encontré mi madre llorando en el living. La abracé con todas mis fuerzas y le pregunté que le pasaba. Mi padre, la había engañado con otra mujer. En mi vida iba a imaginar una cosa así de él, pero lo hizo. El comentario vino de parte de una amiga de mamá, quien la invitó a que lo viera con sus propios ojos.
Era una mujer un tanto mas joven que mamá, rubia, apuesta. Se veían en el barrio de Caballito, donde papá concurría después de su jornada laboral.
La separación entre mis padres nunca se llevó a cabo, no se por qué, pero no lo hicieron.
Vivimos casi cuatro años más así. Ya no era lo mismo. Nunca más fue lo mismo.
Mamá comenzó a tomar pastillas para los nervios. Al parecer, tomaba a escondidas más de lo indicado por el médico. Su mente, cada vez más débil, se había convertido en el peor enemigo de ella. Dos años mas tarde, y por decisión del médico que la trataba, la internaron en el hospital psiquiátrico mas cercano.
Por su parte, mi padre ya no estaba mas con aquella joven mujer, y había encontrado un nuevo pasatiempos el alcohol. Esa familia si que era viciosa. El año pasado, en una de esas caminatas nocturnas mías, me enteré por intermedio de un vecino, que a mi padre lo había asesinado en la puerta del bar Cacho´s.
Mi vida estaba acabada, todos esos sueños todo el afecto que había recibido jamás hubiera pensado que iba a terminar así.
Es increíble ver cómo se destruyen las familias en todo el mundo por no poseer los valores principales que deben tener todos los seres humanos: Amor, unión, esperanza y por sobre todas las cosas adorar la vida.
Ahora me toca a mí, acá estoy, sentado en el banquillo frente a la gran puerta que nos lleva al paraíso, esperando una decisión. La decisión que me de una segunda oportunidad, la logre que con esfuerzo pueda cambiar mi vida. La que me deje sanar los errores del pasado y pensar en un futuro mejor. Acá estoy esperando la decisión de Dios.
- ¡Doctor! ¡Doctor!
- ¿Qué pasa?
- El paciente Alfredo Gómez el que se cortó las venas y estaba en coma hace 4 meses
- ¿Qué tiene? ¿Qué pasó?
- ¡Despertó!
|
Imprimir |
Enviar historia |


